![[Congre.gif]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggrcqVoVAgKSYRqIC2Q1-6QODAhidwDVmJ9R4TK1BpPIhHfk1ZLPu3jmu5Je_KOMxLQLzVu-rD5xhX4rXYO0CqQvaptvMXKtArAEHnKpwktYeKp0cke2CTjHzmX3-sR1YIFMRlLZeQVZgu/s1600/Congre.gif)
Reverendos y queridos sacerdotes:
Con alegría me dirijo a cada uno de vosotros, ante la inminencia de la Santa Navidad, recordándoos en la oración y pidiendo a la Luz que viene al mundo el don de santos sacerdotes para la Iglesia del tercer milenio.
Que el empeñativo trabajo de estos días, por el que el Señor y la Iglesia os dan profundamente las gracias, no os impida deteneros en silencio y con sorprendida y profunda adoración ante ese Misterio, del que dependen radicalmente la salvación del mundo y nuestra misma existencia sacerdotal.
El discurso con el que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido sus propias felicitaciones a la Curia Romana, ha subrayado de manera especial el don que ha significado el Año Sacerdotal, a pesar de las grandes fatigas que le han caracterizado. Con la lúcida y realista constatación de realidades inimaginables y dolorosísimas, el Santo Padre ha invitado a toda la Iglesia al realismo de la fe y a la disponibilidad a la penitencia, elementos indispensables y constitutivos de toda auténtica, posible y deseada renovación.
De rodillas, ante la gruta de Belén, contemplando al Verbo hecho carne y escuchando su gemido, lleno de ternura y al mismo tiempo profético, mendigamos, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, y de san José, su castísimo esposo, que el Señor haga grandes cosas en su Cuerpo, que Él quiere siempre joven, renovado, resplandeciente y misionero.
Con estos sentimientos, aseguro a todos los queridos amigos sacerdotes, esparcidos por todo el mundo, un especial recuerdo en la oración, y a cada uno le pido el apoyo con la oración en el ministerio que me ha sido confiado.
Con alegría me dirijo a cada uno de vosotros, ante la inminencia de la Santa Navidad, recordándoos en la oración y pidiendo a la Luz que viene al mundo el don de santos sacerdotes para la Iglesia del tercer milenio.
Que el empeñativo trabajo de estos días, por el que el Señor y la Iglesia os dan profundamente las gracias, no os impida deteneros en silencio y con sorprendida y profunda adoración ante ese Misterio, del que dependen radicalmente la salvación del mundo y nuestra misma existencia sacerdotal.
El discurso con el que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido sus propias felicitaciones a la Curia Romana, ha subrayado de manera especial el don que ha significado el Año Sacerdotal, a pesar de las grandes fatigas que le han caracterizado. Con la lúcida y realista constatación de realidades inimaginables y dolorosísimas, el Santo Padre ha invitado a toda la Iglesia al realismo de la fe y a la disponibilidad a la penitencia, elementos indispensables y constitutivos de toda auténtica, posible y deseada renovación.
De rodillas, ante la gruta de Belén, contemplando al Verbo hecho carne y escuchando su gemido, lleno de ternura y al mismo tiempo profético, mendigamos, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, y de san José, su castísimo esposo, que el Señor haga grandes cosas en su Cuerpo, que Él quiere siempre joven, renovado, resplandeciente y misionero.
Con estos sentimientos, aseguro a todos los queridos amigos sacerdotes, esparcidos por todo el mundo, un especial recuerdo en la oración, y a cada uno le pido el apoyo con la oración en el ministerio que me ha sido confiado.
+ Mauro Piacenza
Prefecto
Prefecto
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