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Missa de encerramento do Ano Sacerdotal no RJ


O arcebispo do Rio de Janeiro (RJ), dom Orani João Tempesta, presidiu, no dia 5, na Igreja de São Pedro, em Rio Comprido, uma missa em homenagem ao encerramento do Ano Sacerdotal na arquidiocese.
Na homilia, dom Orani destacou a importância do ministério presbiteral como dom de Deus. Lembrou que Cristo, o Sumo Sacerdote, é quem preside a Eucaristia, e está presente na Palavra e na ação da Igreja, alimentando e perdoando o povo de Deus. Disse ainda que o presbítero, tirado do meio do povo e formado para servi-lo, vai construindo, na história, o Reino de Deus.


Ao lembrar a figura de São João Maria Vianney, que revolucionou no seu tempo a pequena cidade de Ars, no sul da França, lembrou aos padres que também eles foram chamados, consagrados e enviados, como discípulos missionários, para servir e mostrar ao povo o caminho de Deus.
 
Todos os presbíteros fizeram a renovação das promessas sacerdotais. Reunidos no espaço do presbitério, em volta do altar, rezaram pelas intenções da Igreja.
 
Convocado pelo papa Bento XVI, por ocasião dos 150 anos da morte de São João Maria Vianney, o Ano Sacerdotal teve como tema “Fidelidade de Cristo, Fidelidade do sacerdote”.

Fonte: http://www.cnbb.org.br/site/regionais/leste-1/3600-missa-de-encerramento-do-ano-sacerdotal-no-rio-de-janeiro

Sugestões para o Ano Sacerdotal

La Fraternidad de Cristo Sacerdote y Santa María Reina, que ha nacido para servicio de la Iglesia, quiere desde este blog aportar sugerencias para que este Año Sacerdotal sea rico en trabajos y abundante en frutos.

Hoy comenzamos aportando algunas ideas dirigidas a las diócesis. En siguientes entradas publicaremos otras inciativas en cuanto a los fieles y a los mismos sacerdotes. Estas ideas que ofrecemos necesitarán ser adaptadas a la realidad de cada diócesis y variedad de clero.

ÁMBITO ESPIRITUAL
Quizás sea este el aspecto que más se cuida en las diócesis.
  • Ejercicios espirituales. Normalmente ya se organizan. Pero en este año, sería bueno que se cuidasen todavía más, esmerándose tanto en la elección de los predicadores como de los temas a tratar. Así como también en el cuidado de que todos los sacerdotes asistan a ellos. A veces se informa por carta de estas iniciativas, y la carta nunca susutituye el trato personal. Los Vicarios de Zona, los miembros de la Delegación del Clero o los arciprestes serían los agentes adecuados para que ningún sacerdote se quedase sin los ejercicios espirituales. Como recuerda el Directorio para la Vida de los Presbíteros los ejercicios espirituales son una ocasión en la que "el sacerdote debe encontrar a Dios y a sí mismo haciendo un reposo espiritual para sumergirse en la meditación y en la oración". Como bien dice el Directorio, "es muy oportuno que el Obispo programe y organice los Retiros y los Ejercicios Espirituales"; y él mismo esté presente estimulando y acompañando a sus sacerdotes que deben ver en él a su padre y pastor. "Es importante que se traten temas espirituales, se ofrezcan largos espacios de silencio y de oración y sean particularmente cuidadas las celebraciones litúrgicas, el sacramento de la Penitencia, la adoración eucarística, la dirección espiritual y los actos de veneración y culto a la Virgen María." También se ha de tener en cuenta que muchos sacerdotes tienen dificultad para asistir a una semana de ejercicios porque no tienen quien los sustituya en sus parroquias. Este problema ha de ser también solucionado desde las diocesis o vicarías de zona o desde los mismo arciprestazgos.
  • Retiros mensuales. Es una práctica común en todas las diócesis, pero que también puede ser enriquecida y mejorada en este Año Sacerdotal para que se conviertan en momentos de fraternidad sacerdotal, de renovación vocacional, de crecimiento espiritual; momentos de encuentro personal con el Señor.
  • Celebraciones penitenciales. Sería oportuno en este Año organizar celebraciones penitenciales para sacerdotes en la Iglesia Catedral donde el Obispo, después de la escucha de la Palabra de Dios, exhorte a los sacerdotes a reconciliarse con Dios y a llevar una vida santa; teniendo a su vez confesores disponibles para recibir el Sacramento de la Penitencia.
  • Adoración del Santísimo. También sería interesante hacer Adoraciones públicas del Santísimo Sacramento dirigidas a los sacerdotes con la presencia del Obispo. Un momento muy oportuno para profundizar en el misterio de la Eucaristía así como de intimar con Jesús Sacramentado. También se podía establecer una Jornada de Adoración dividiendo a los sacerdotes en diferentes grupos por zonas o por arciprestazgos.
  • Peregrinaciones. La parroquia de Ars en Francia, los Santuarios de Lourdes o Fátima y otros pueden ser lugares muy propicios para que en este año los sacerdotes, acompañados de su obispo, realicen una experiencia de renovación de su ser y misión en la Iglesia. En el Centro Juan Pablo II de Ars -donde ofrecen una acogida fenomenal a todos los peregrinos- podrán profundizar en el mensaje de santidad del Santo Cura de Ars que en una parroquia como aquella se hizo santo y la hizo santa. En Lourdes o Fátima, los sacerdotes podrán crecer en el amor a la Virgen María, Madre de todos los sacerdotes, y sin la cual, la vida sacerdotal se empobrece y queda privada de una dimensión fundamental. Otros destinos de las peregrinaciones podrían ser Roma, centro de la cristiandad, ciudad del Papa, el Vicario de Cristo; Jerusalén, la tierra de Jesús, donde nació nuestra fe o Santiago de Compostela en la que el año próximo es año jubilar.
ÁMBITO INTELECTUAL
Este ámbito también está bastante cuidado en las diócesis.
  • Cursos teología. A pesar de que en casi todos los centros de formación de la Iglesia se ofrecen cursos de formación permanente para el clero, quizás este Año sería muy conveniente ofrecer a los sacerdotes cursos más asequibles en tiempo (corta duración) así como en desplazamientos (hacerlos en las diferentes zonas) para profundizar en la teología sobre el sacerdocio, así como sobre la teología sacramental; y otros temas que puedan ser provechosos como la homilética. La forma más adecuada sería exponer los temas no desde una perspectiva contestataria, sino afirmando y sosteniendo las verdades de la fe católica sobre cada tema. "Una formación teológica sintética, orgánica y que apunte a lo esencial" como propone Mons. Burgués, secretario de la Congregación para la Educación Católica.
  • Liturgia práctica. Otros cursos que se deberían ofrecer deberían ocuparse del sacramento de la penitencia como de la moral católica atendiendo también a la Bioética -materia tan necesaria en estos momentos- en su sentido práctico, como también a la mejora del ars celebrandi de la Santa Misa -materia a veces un poco descuidada- en el estilo de renovación litúrgica liderado por el mismo Benedicto XVI. De la piedad, el respeto y veneración con la que se celebre la santa Misa depende mucho la santidad del sacerdote,
  • Música. Otro aspecto que se podría mejorar sería el aspecto musical. En la liturgia católica, el canto expresa solemnidad y ha de hacerse lo mejor posible. Normalmente, los sacerdotes son en las parroquias el salmista, el lector, el acólito y el celebrante... por lo que se ha de cuidar también su formación musical, dedicándose especialmente al canto gregoriano -canto oficial de la Iglesia-.
  • Lenguas. Hoy más que nunca, se hace necesario el aprendizaje de lenguas extrangeras. En el caso de los sacerdotes: el italiano y el inglés; por ser las dos lenguas que más se utilizan en los documentos y en la Santa Sede. Sin duda alguna, también es importante el repaso y el aprendizaje de latín -que sigue siendo la lengua oficial de la Iglesia Católica- para poder por ejemplo poder celebrar según la Forma Extraordinaria o celebrar partes de la Forma Ordinaria en latín. El latín no sólo tiene importancia en cuanto al culto, sino también al estudio de los Santos Padres como de la Suma Teológica de Santo Tomás. Por todo ello, sería conveniente que las diócesis considerasen la organización de estos cursos desde sus diferentes instituciones.
  • Curso sobre la "Forma extraodinaria". Un gesto de comunión práctica y efectiva, no sólo afectiva, con el Papa Benedicto XVI y con la Iglesia de nuestros santos sería la posibilidad de ofrecer cursos de aprendizaje de la Celebración de la Misa en su forma extraordinaria permitida a todos los sacerdotes y fieles por el Motu propio Summorum Pontificum. Es una riqueza de la Iglesia y es una pena que muchos sacerdotes se vean privados de ella por desconcerla. Desde la Fraternidad, los Hermanos se ofrecen a colaborar con quien lo desee en estas posibles jornadas.
  • Curso de informática. La infórmatica domina nuestra sociedad y es una herramienta muy buena para la extensión del Evangelio y el acceso frecuente a la abundante información que ofrece la Santa Sede como medio que favorece una comunión más profunda con el Papa y los distintos organismos que le asisten en el gobierno de la Iglesia; un medio que ayuda a un mayor conocimiento del Magisterio permanente que ejerce el Sumo Pontífice. Este curso facilitaría a los sacerdotes el poder hacer una hoja parroquial, o un atractivo cartel anunciando algún acto de la parroquia, o un blog o web parroquial donde tantos sacerdotes podrían hacer bien y verter su sabiduría... o poder leer en el mismo día que la pronuncia una homilía o catequesis del Papa.
ÁMBITO DE LA SALUD FÍSICA Y ALIMENTICIA
Hay otro aspecto importante en la vida de los sacerdotes es su salud. A menudo se carece de hábitos y conocimientos adecuados en el cuidado de la salud y de la alimentación, por lo que sería muy oportuno y nada ridículo, en un ambiente distendido y de pequeños grupos, y sobre todo para aquellos más jóvenes que vayan a vivir solos, organizar:
  • Cursos sobre alimentación para poder llevar una dieta sana y rica; así también como cursos prácticos de cocina para mejorar la alimentación. Religiosos/as y fieles laicos podrían colaborar muy bien en este aspecto tan importante de la vida sacerdotal.
  • Charlas sobre hábitos saludables. En nuestra sociedad de hoy están a la orden del día. Estas charlas también podrían mejorar mucho la calidad de vida de los sacerdotes.

Indulgências especiais durante Ano Sacerdotal

Um decreto da Penitenciaria Apostólica divulgou hoje as condições

CIDADE DO VATICANO, terça-feira, 12 de maio de 2009 (ZENIT.org).- Os sacerdotes e fiéis que realizarem determinados exercícios de piedade durante o Ano Sacerdotal receberão a indulgência plenária.

Assim informa um decreto divulgado hoje pela Sala de Imprensa da Santa Sé, assinado pelo cardeal James Francis Stafford e pelo bispo Gianfranco Girotti, O.F.M., penitenciário maior e regente da Penitenciaria Apostólica, respectivamente.

A Igreja celebrará o Ano Sacerdotal do dia 19 de junho de 2009 até o mesmo dia do ano seguinte, por ocasião do 150º aniversário da morte de São João Maria Vianney, o Cura de Ars.

O Ano Sacerdotal começará no dia da solenidade do Sagrado Coração de Jesus, com a celebração, presidida pelo Papa, das Vésperas diante das relíquias de São João Maria Vianney, levadas a Roma pelo bispo de Belley-Ars.

Bento XVI concluirá o “sagrado período” um ano depois, na Praça de São Pedro, com sacerdotes do mundo inteiro, que “renovarão a fidelidade a Cristo e o vínculo de fraternidade”, segundo o texto.

O decreto explica detalhadamente as modalidades para a obtenção das indulgências.

Em primeiro lugar, poderão obter a indulgência plenária os sacerdotes que, “arrependidos de coração”, rezem qualquer dia as Laudes ou Vésperas diante do Santíssimo Sacramento exposto para a adoração pública ou no sacrário e, seguindo o exemplo de São João Maria Vianney, ofereçam-se para celebrar os sacramentos, sobretudo a Confissão, “com espírito generoso e disposto”.

O texto indica que os sacerdotes poderão beneficiar-se da indulgência plenária aplicável a outros sacerdotes defuntos como sufrágio, se, em conformidade com as disposições vigentes, se confessarem, comungarem e rezarem pelas intenções do Papa.

Também receberão indulgência parcial, sempre aplicável aos irmãos no sacerdócio defuntos, “cada vez que rezarem orações devidamente aprovadas para levar uma vida santa e cumprir os ofícios que lhes foram confiados”.

Por outro lado, todos os cristãos poderão beneficiar-se de indulgência plenária sempre que, “arrependidos de coração”, assistirem à Santa Missa e oferecerem pelos sacerdotes da Igreja orações a Jesus Cristo e qualquer boa obra.

Tudo isso complementado com o sacramento da confissão e a oração pelas intenções do Papa “nos dias em que se abra e se conclua o Ano Sacerdotal, no dia do 150º aniversário da morte de São João Maria Vianney, nas primeiras quintas-feiras de cada mês ou em qualquer outro dia estabelecido pelos Ordinários dos lugares para a utilidade dos fiéis”.

Os idosos, doentes e todos aqueles que, por motivos legítimos, não possam sair de casa, também poderão obter a indulgência plenária se, com ânimo afastado do pecado e o propósito de cumprir as três condições necessárias assim que lhes for possível, “nos dias indicados rezarem pela santificação dos sacerdotes e oferecerem a Deus, por meio de Maria, Rainha dos Apóstolos, suas doenças e sofrimentos”.

O decreto indica que se concederá a indulgência parcial a todos os fiéis cada vez que rezarem 5 Pai Nossos, Ave Marias e Glórias, e outra oração devidamente aprovada “em honra do Sagrado Coração de Jesus, para que os sacerdotes se conservem em pureza e santidade de vida”.

O texto indica que o Santo Cura de Ars “aqui na terra foi um maravilhoso modelo de verdadeiro pastor do rebanho de Cristo”.

Também destaca que as indulgências podem ajudar os sacerdotes, junto com a oração e as boas obras, a obter “a graça de resplandecer com a fé, a esperança, a caridade e as demais virtudes” e “mostrar com sua conduta de vida, também com seu aspecto exterior, que estão plenamente dedicados ao bem espiritual das pessoas”.

Leituras para o Ano Sacerdotal

Bento XVI


19 de junho de 2009- ABERTURA DO ANO SACERDOTAL
SOLENIDADE DO SAGRADO CORAÇÃO DE JESUS




Recitação do Angelus de domingo 21 de Junho, no final da Celebração Eucarística

O Papa confia o Ano sacerdotal

a São Pio de Pietrelcina

No final da Missa de domingo 21 de Junho, em San Giovanni Rotondo, o Papa confiou à intercessão de São Pio de Pietrelcina o Ano sacerdotal inuaugurado na sexta-feira passada, solenidade do Sacratíssimo Coração de Jesus. Fê-lo durante o Angelus, dirigindo também um apelo ao acolhimento dos refugiados.


Queridos irmãos e irmãs

No final desta solene Celebração, convido-vos a recitar comigo como todos os domingos a oração mariana do Angelus. Mas aqui, no santuário de São Pio de Pietrelcina, parece que ouvimos a sua própria voz, que nos exorta a dirigir-nos com coração de filhos à Virgem Santa: "Amai Nossa Senhora e fazei com que Ela seja amada". Assim repetia a todos, e mais que as palavras valia o testemunho exemplar da sua profunda devoção à Mãe celeste. Babtizado na igreja de Santa Maria dos Anjos de Pietrelcina com o nome de Francisco, como o Pobrezinho de Assis nutriu sempre pela Virgem um amor profundamente terno. Depois, a Providência conduziu-o aqui, a San Giovanni Rotondo, ao Santuário de Santa Maria das Graças, onde permaneceu até à morte e onde jazem os seus despojos mortais. Por conseguinte, toda a sua vida e o seu apostolado se realizaram sob o olhar materno de Nossa Senhora e com o poder da sua intercessão. Também a Casa Alívio do Sofrimento era por ele considerada uma obra de Maria, "Saúde dos enfermos". Portanto, caros amigos, a exemplo de Padre Pio, também eu hoje quero confiar todos vós à salvaguarda materna da Mãe de Deus. De modo particular, invoco-a para a comunidade dos Frades Capuchinhos, para os doentes do hospital e para quantos cuidam deles com amor, assim como para os grupos de oração que frazem progredir na Itália e no mundo a herança espiritual do Santo fundador.

Gostaria de confiar à intercessão de Nossa Senhora e de São Pio de Pietrelcina, de modo especial, o Ano sacerdotal que inaugurei na sexta-feira passada, solenidade do Sacratíssimo Coração de Jesus. Que ele seja uma ocasião privilegiada para frisar o valor da missão e da santidade dos sacerdotes ao serviço da Igreja e da humanidade do terceiro milénio!

Oremos no dia de hoje também pela situação difícil, e por vezes dramática, dos refugiados. Celebrou-se precisamente ontem o Dia Mundial do Refugiado, promovido pela Organização das Nações Unidas. Muitas pessoas procuram refúgio noutros países, fugindo de situações de guerra, perseguição e calamidade, e o seu acolhimento apresenta muitas dificuldades, mas é contudo imperioso. Queira Deus que, com o compromisso de todos, se consiga eliminar o mais possível as causas de um fenómeno tão triste.

Saúdo com grande afecto todos os peregrinos aqui reunidos. Exprimo o meu reconhecimento às Autoridades civis e a quantos colaboraram para a preparação da minha visita. Obrigado de coração! A todos repito: caminhai pela senda que Padre Pio vos indicou, a vereda da santidade segundo o Evangelho de nosso Senhor Jesus Cristo. Ao longo deste caminho sereis sempre precedidos pela Virgem Maria que, com mão materna, vos guiará para a pátria celeste.

Na Basílica de São Pedro, Bento XVI inaugurou o Ano sacerdotal com a celebração das segundas Vésperas

Bento XVI inaugurou o Ano sacerdotal proclamado por ocasião do sesquicentenário do "dies natalis" de São João Maria Vianney, o Cura d'Ars presidindo à celebração das segundas Vésperas da solenidade do Sacratíssimo Coração de Jesus. Durante a celebração, oficiada na Basílica de São Pedro na tarde de 19 de Junho dia de santificação sacerdotal o Papa proferiu esta homilia.

Estimados irmãos e irmãs
Na antífona ao Magnificat, daqui a pouco entoaremos: "O Senhor recebeu-nos no seu coração Suscepit nos Dominus in sinum et cor suum". No Antigo Testamento fala-se 26 vezes do coração de Deus, considerado como o órgão da sua vontade: o homem é julgado em relação ao coração de Deus. Por causa da dor que o seu coração sente pelos pecados do mundo, Deus decide o dilúvio, mas depois comove-se diante da debilidade humana e perdoa. Além disso, há um trecho veterotestamentário em que o tema do coração de Deus se encontra expresso de modo absolutamente claro: é no capítulo 11 do livro do profeta Oseias, onde os primeiros versículos descrevem a dimensão do amor com que o Senhor se dirigiu a Israel, na aurora da sua história: "Quando Israel ainda era menino, Eu o amei, e do Egipto chamei o meu filho" (v. 1). Na verdade, à incansável predilecção divina, Israel responde com indiferença e até com ingratidão. "Quanto mais os chamava o Senhor é obrigado a constatar mais eles se afastavam de mim" (v. 2). Todavia, Ele nunca abandona Israel nas mãos dos inimigos, pois "o meu coração observa o Criador do universo comove-se dentro de mim, comove-se a minha compaixão" (v. 8).
O coração de Deus comove-se! Na hodierna solenidade do Sacratíssimo Coração de Jesus, a Igreja oferece à nossa contemplação este mistério, o mistério do coração de um Deus que se comove e derrama todo o seu amor sobre a humanidade. Um amor misterioso, que nos textos do Novo Testamento nos é revelado como paixão incomensurável pelo homem. Ele não se rende perante a ingratidão, e nem sequer diante da rejeição do povo que Ele escolheu para si; pelo contrário, com misericórdia infinita, envia ao mundo o seu Filho, o Unigénito, para que assuma sobre si o destino do amor aniquilado a fim de que, derrotando o poder do mal e da morte, possa restituir dignidade de filhos aos seres humanos, que o pecado tornou escravos. Tudo isto a caro preço: o Filho Unigénito do Pai imola-se na cruz: "Tendo amado os seus que estavam no mundo, amou-os até ao fim" (cf. Jo 13, 1). Símbolo de tal amor, que vai além da morte é o seu lado traspassado por uma lança. A este propósito, a testemunha ocular, o Apóstolo João, afirma: "Um dos soldados perfurou-lhe o lado com uma lança, e logo saiu sangue e água" (cf. Jo 19, 34).
Amados irmãos e irmãs, obrigado porque, respondendo ao meu convite, viestes numerosos a esta celebração com que entramos no Ano sacerdotal. Saúdo os Senhores Cardeais e os Bispos, de modo particular o Cardeal Prefeito e o Secretário da Congregação para o Clero, juntamente com os seus colaboradores, e o Bispo de Ars. Saúdo os sacerdotes e os seminaristas dos vários seminários e colégios de Roma; os religiosos, as religiosas e todos os fiéis. Dirijo uma saudação especial a Sua Beatitude Ignace Youssef Younan, Patriarca de Antioquia dos Sírios, vindo a Roma para se encontrar comigo e significar publicamente a "ecclesiastica communio", que lhe concedi.
Diletos irmãos e irmãs, detenhamo-nos em conjunto para contemplar o Coração traspassado do Crucificado. Há pouco ouvimos mais uma vez, na breve leitura tirada da Carta de São Paulo aos Efésios que "Deus, que é rico em misericórdia, pelo grande amor com que nos amou, estando nós mortos pelas nossas culpas, deu-nos a vida juntamente com Cristo... Com Ele nos ressuscitou e nos fez sentar lá nos Céus, em Cristo Jesus" (Ef 2, 4-6). No Coração de Jesus está expresso o núcleo essencial do cristianismo, em Cristo foi-nos revelada e comunicada toda a novidade revolucionária do Evangelho: o Amor que nos salva e nos faz viver já na eternidade de Deus. O evangelista João escreve: "Deus amou de tal modo o mundo, que lhe deu o seu Filho único, para que todo o que nele crer não pereça mas tenha a vida eterna" (Jo 3, 6). Então, o seu Coração divino chama o nosso coração; convida-nos a sair de nós mesmos, a abandonar as nossas seguranças humanas para confiar nele e, seguindo o seu exemplo, a fazer de nós mesmos um dom de amor sem reservas.
Se é verdade que o convite de Jesus, a "permanecer no seu amor" (cf. Jo 15, 9) é para cada batizado, na solenidade do Sacratíssimo Coração de Jesus, dia de santificação sacerdotal, tal convite ressoa com maior vigor para nós, sacerdotes, de modo particular nesta tarde, solene início do Ano sacerdotal, por mim desejado por ocasião do sesquicentenário da morte do Santo Cura d'Ars. Vem-me imediatamente ao pensamento uma sua bonita e comovedora afirmação, citada no Catecismo da Igreja Católica: "O sacerdócio é o amor do Coração de Jesus" (n. 1589). Como não recordar com emoção que directamente deste Coração brotou o dom do nosso ministério sacerdotal? Como esquecer que nós, presbíteros, fomos consagrados para servir, humilde e respeitavelmente, o sacerdócio comum dos fiéis? A nossa missão é indispensável para a Igreja e para o mundo, que requer plena fidelidade a Cristo e união incessante com Ele; ou seja, exige que tendamos constantemente para a santidade, como fez São João Maria Vianney. Queridos irmãos sacerdotes, na Carta que vos dirigi para este Ano jubilar especial, desejei salientar alguns aspectos que qualificam o nosso ministério, fazendo referência ao exemplo e ao ensinamento do Santo Cura d'Ars, modelo e protector de todos os presbíteros, e em particular dos párocos. Que este meu escrito vos sirva de ajuda e de encorajamento para fazer deste Ano uma ocasião propícia para crescer na intimidade com Jesus, que conta connosco, seus ministros, para difundir e consolidar o seu Reino. E, por conseguinte, "a exemplo do Santo Cura d'Ars assim concluí a minha Carta deixai-vos conquistar por Ele e também vós sereis, no mundo de hoje, mensageiros de esperança, de reconciliação e de paz".
Deixar-se conquistar plenamente por Cristo! Esta foi a finalidade de toda a vida de São Paulo, a quem dirigimos a nossa atenção durante o Ano paulino que já está próximo do seu encerramento; esta foi a meta de todo o ministério do Santo Cura d'Ars, que invocaremos durante o Ano sacerdotal; este seja também o objectivo principal de cada um de nós. Para ser ministros ao serviço do Evangelho, é certamente útil o estudo com uma formação pastoral atenta e permanente, mas é ainda mais necessária a "ciência do amor", que só se aprende de "coração a coração" com Cristo. Com efeito, é Ele que nos chama a partir o pão do seu amor, para perdoar os pecados e para guiar o rebanho em seu nome. Precisamente por isso nunca devemos afastar-nos da nascente do Amor que é o seu Coração trespassado na cruz.
Só assim seremos capazes de cooperar eficazmente para o misterioso "desígnio do Pai", que consiste em "fazer de Cristo o coração do mundo"! Desígnio que se realiza na história, na medida em que Cristo se torna o Coração dos corações humanos, começando a partir daqueles que são chamados a estar mais próximos dele, precisamente os sacerdotes. Chamam-nos a este compromisso constante as "promessas sacerdotais", que pronunciámos no dia da nossa Ordenação e que renovamos todos os anos na Quinta-Feira Santa, na Missa crismal. Até as nossas carências, os nossos limites e debilidades devem reconduzir-nos ao Coração de Jesus. Com efeito, é verdade que os pecadores, contemplando-O, devem aprender dele a necessária "dor dos pecados" que os reconduza ao Pai, isto vale ainda mais para os ministros sagrados. Como esquecer, a este propósito, que nada faz sofrer tanto a Igreja, Corpo de Cristo, como os pecados dos seus pastores, sobretudo daqueles que se transformam em "ladrões de ovelhas" (Jo 10, 1 ss.), porque as desviam com as suas doutrinas particulares, ou porque as prendem com laços de pecado e de morte? Estimados sacerdotes, também para nós é válido o apelo à conversão e ao recurso à Misericórdia Divina, e devemos igualmente dirigir com humildade uma súplica urgente e incessante ao Coração de Jesus, para que nos preserve do terrível risco de prejudicar aqueles que somos chamados a salvar.
Há pouco pude venerar, na Capela do Coro, a relíquia do Santo Cura d'Ars: o seu coração. Um coração inflamado de amor divino, que se comovia ao pensamento da dignidade do sacerdote e falava aos fiéis com expressões sensibilizadoras e sublimes, afirmando que "depois de Deus, o sacerdote é tudo! ... Ele mesmo não se compreenderá bem a si mesmo, a não ser no céu" (cf. Carta para o Ano sacerdotal, pág. 2). Amados irmãos, cultivemos esta mesma comoção, quer para cumprir o nosso ministério com generosidade e dedicação, quer para conservar na alma um verdadeiro "temor de Deus": o temor de poder privar de tanto bem, por nossa negligência ou culpa, as almas que nos são confiadas, ou de poder Deus não queira! prejudicá-las. A Igreja tem necessidade de sacerdotes santos; de ministros que ajudem os fiéis a experimentar o amor misericordioso do Senhor e sejam suas testemunhas convictas. Na adoração eucarística, que se seguirá à celebração das Vésperas, pediremos ao Senhor que inflame o coração de cada presbítero com a "caridade pastoral" capaz de assimilar o seu pessoal "eu" ao de Jesus Sacerdote, de maneira a poder imitá-lo na mais completa autodoação. Que nos obtenha esta graça a Virgem Maria, cujo Coração Imaculado contemplaremos amanhã com fé viva. Para Ela, o Santo Cura d'Ars nutria uma devoção filial, a tal ponto que em 1836, antecipando a proclamação do Dogma da Imaculada Conceição, já tinha consagrado a sua paróquia a Maria, "concebida sem pecado". E conservou o hábito de renovar com frequência esta oferta da paróquia à Virgem Santa, ensinando aos fiéis que "era suficiente dirigir-se a Ela para ser atendidos", pelo simples motivo que Ela "deseja sobretudo ver-nos felizes". Que nos acompanhe a Virgem Santa, nossa Mãe, no Ano sacerdotal que hoje inauguramos, a fim de que possamos ser guias sólidos e iluminados para os fiéis que o Senhor confia aos nossos cuidados pastorais. Amém!