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¿Qué es un tomista?


por Santiago Ramírez, O. P.
(fragmentos)


A las fiestas centenarias de la muerte de Santo Tomás se siguió una restauración y un rejuvenecimiento del tomismo, que todos participamos y aplaudimos, gracias al impulso gigantesco del gran León XIII, continuado por sus sucesores en el Trono Pontificio y secundado por la docilidad y por los esfuerzos de los católicos de buena voluntad.
¿Será estéril el centenario de su canonización? Si esto fuese verdad, debería decirse que la vida y la gloria hay que buscarlas en el sepulcro y no en los altares. Deber es de los católicos, singularmente de los de nuestra España, hacer fecundo este centenario con una fecundidad mayor que la pasada, ya que, según dice hermosamente León XIII, son los españoles "qui memoriam adamant Doctoris Angelici et in quibus Thomistica philosophandi ratio sectatores ingeniosos et doctos omni tempore invenit"
Y como la fecundidad es una propiedad de la vida perfecta y la vida no existe en abstracto, sino en algún sujeto vivo, necesario es concluír que la fecundidad del tomismo debe brotar de la vida tomista perfecta existente en los tomistas perfectos.

...Por tomista no entendemos una palabra vacía, ni un hombre vestido de cierto color determinado, sea blanco, sea negro, ni mucho menos uno que toma de Santo Tomás lo que le viene en talante, según sus caprichos, sino más bien aquel que participa o tiene o aspira a tener el espíritu de Santo Tomás de Aquino y que procura, cuanto está de su parte, penetrarse más de él y obrar en conformidad con él.

I. ¿Cuál es el espíritu verdadero de Santo Tomás de Aquino?

...El Santo Doctor no se contentaba de buscar a Dios con la inteligencia, por medio del estudio; porque Santo Tomás no era un intelectualista seco y árido, ni tampoco un místico sentimental, sino un espíritu sumamente equilibrado en su entendimiento y en su voluntad.
...En Santo Tomás no es posible separar su oración de su estudio, como no es posible separar su sabiduría de su santidad, pues santificándose se hizo sabio y estudiando se santificó; en él no se explica su ciencia sin su oración, ni tampoco su oración sin su ciencia.
...Si nos es lícito expresarnos así, Santo Tomás es un caso típico y concreto de la unión y de la armonía entre la razón y la fe, entre la santidad y la ciencia, entre la Filosofía y la Teología; él mismo es la encarnación nata de su propio sistema, y por eso el primer tomista y el tipo del tomismo puro e íntegro es el mismo Santo Tomás en persona.




II. ¿Cuál debe ser el "espíritu" de un verdadero tomista?

Visto el espíritu de Santo Tomás en sí mismo, no será difícil saber lo que es un tomista. Será, pues, un tomista el que tiene o aspira a tener por entero el espíritu de Santo Tomás, no de un modo cualquiera, sino tal como lo entiende la Iglesia.

...La amplitud del espíritu tomista exige que el tomista lo estudie todo, a ser posible, en sus propias fuentes, a imitación del Santo Doctor. Debe, pues conocer a fondo la Sagrada Escritura y estar enterado de los adelantos exegéticos de los últimos tiempos; debe dominar los Padres todos de la Iglesia, en su aspecto doctrinal y crítico, no con la superficialidad de un simple historiador, sino con la profundidad de un teólogo; debe estar familiarizado con todos los teólogos antiguos y modernos, hostiles a Santo Tomás y defensores de él; debe poseer muy bien la Filosofía antigua y la de su tiempo, la sana y la falsa, para aprovecharse de aquélla e impugnar a ésta y saber deslindar con verdad y con acierto los límites de la fe y de la razón; en suma, debe trabajar por dominarlo todo desde el Verbo de Dios, como Santo Tomás dominó toda la ciencia de su tiempo y la hizo servir a Dios.
Claro está -y esto no necesita decirse- que el tomista debe empezar por estar familiarizado con todas las obras del Santo Doctor, no estudiándolas como a ratos perdidos y consultándolas únicamente en casos de aprieto, sino de una manera constante, per se.

...Pero no basta encasillarse en Santo Tomás sólo y renegar como sistemáticamente de todos los demás. No nació el Angélico por generación espontánea, sino que fue incubado ya desde los tiempos antiguos, especialmente por San Agustín y por Aristóteles, en cuanto a su forma sistemática; pero de todos depende, aun de sus mismos contemporáneos; por eso es imposible conocer a Santo Tomás en sí mismo, ignorando la tradición filosófica y teológica desde los primeros tiempos. ¿No construyó él su grandiosa síntesis teniendo presente todo el pensamiento humano? Los sillares de esa gran fábrica han sido recogidos y pulimentados en gran parte por la humanidad entera, si bien el arquitecto fue Santo Tomás de Aquino.

...El tomismo no vive en el papel, sino en las inteligencias; y en las inteligencias vive como alimento que debe asimilarse y como germen que debe desarrollarse y fructificar... El tomista no debe transcribir sino ampliar a Santo Tomás, depurando y completando sus fuentes, tanteando y consolidando sus principios, asimilando y aumentando sus doctrinas con los nuevos elementos asimilables aportados por sus sucesores hasta nuestros días; y, una vez hecho todo esto, aplicar el tomismo a los problemas de hoy, con seguridad de éxito.

...Hace falta, pues, que el tomista verdadero amplíe con todas sus fuerzas el tomismo y le haga crecer; pero con un crecimiento homogéneo y por intususcepción, no heterogéneo ni por yuxtaposición. Por eso es necesario digerir todo lo que viene de afuera, no con medicinas y artificialmente, sino con los jugos segregados del propio tomismo, que son de suyo bastante poderosos para hacer fermentar y producir la digestión de cualquier alimento, por fuerte que sea, si es objetivamente asimilable. Pero aquí, como en todas las cosas, hace falta discreción, para no empeñarse en tomar alientos malsanos que, en lugar de dar fuerzas, producen vértigos, hasta que se arrojan de sí mediante una reacción violenta: tal sucedió a los tomistas que quisieron devorar los platos preparados por Descartes, por los [revelacionistas], por los ontologistas y por los modernistas. No han tenido más que dos caminos: o reventar, si eran de estómago débil o comieron demasiado; o vomitarlos, teniendo que estar a dieta una temporada, con el agravante de deber purgarse repetidas veces, y luego fortificarse con inyecciones de tomismo puro, hasta reanudar la vida normal.
Pero hay que guardarse también del vicio opuesto, y no encerrarse en sí, sin querer tomar alimento alguno, por temor de que nos van a envenenar. Tomemos, sí, las debidas precauciones -y la Santa Sede ha señalado varias-; pero después hay que nutrirse bien, para tener vida abundante y perfecta, advirtiendo siempre que el provecho no está en proporción con lo que se come, sino con lo que se digiere, según dice hermosamente Balmes.

...El tomista verdadero debe reconocer ese campo tan trillado de la especulación tomista de siete siglos, y tomar un bieldo y aventar esa preciosa mies, para separar el grano de la paja y dejar que el viento de la crítica se lleve el polvo. Debe, pues, comenzar por hacer un trabajo de limpieza y de depuración.

...Alguien nos dirá, al acabar de leer cuanto llevamos dicho, que hacemos imposible un tomista perfecto, porque nadie puede, él solo, con tanto... Es verdad: una cosa es el ideal y otra cosa es la realidad. Un solo hombre no puede por sí mismo abarcarlo todo, pero debe trabajar lo posible por acercarse a ese ideal.
Después de un estudio de conjunto, que todos podemos hacer, es preciso especializarse y hacer monografías completas sobre puntos determinados, según todas las exigencias del ideal tomista. Esto es posible realizarlo, y del conjunto de esas monografías bien hechas saldrá un tomismo completo, verdaderamente ampliado.
Lo malo es que muchos, viendo esa dificultad, y queriendo, sin embargo, aparentar ser tomistas perfectos, se contentan con tomar unas cuantas nociones de Santo Tomás, sin haberlas meditado y profundizado bien, y luego recoger de aquí y de allí unos cuantos datos históricos, con alguna que otra observación crítica, y así lanzan a la publicidad con grande aparato y al son de trompetas y de tambores los frutos de sus lucubraciones, artículos sobre artículos y volúmenes tras volúmenes.

...Algo semejante ocurre en su género con muchos sabios y con no pocos filósofos de nuestros días. No tienen paciencia o capacidad bastante para hacer profundas especulaciones, o desdeñan rebajarse al estudio concienzudo y detallado de laboratorio, y con ese espíritu -que es la antítesis del espíritu de Santo Tomás, según lo hemos visto más arriba- echan a perder la causa de la Filosofía y de la Ciencia... No estaría mal tener un poco más de humildad y confesar la propia ignorancia...

...Aspiremos, pues, según los deseos de la Iglesia, a ser tomistas integrales y perfectos, en la vida y en la doctrina: si en Santo Tomás no pueden separarse el Santo y el Sabio, tampoco deben separarse en los tomistas. Teniendo estos deseos y aspiraciones es como rezaremos con espíritu y con verdad la oración de la Iglesia en la fiesta de su Doctor, que contiene la síntesis de todo el presente artículo:



- Deus, qui Ecclesiam tuam BEATI THOMAE Confessoris tui atque Doctoris.

a) mira eruditione clarificas
b) et sancta operatione fecundas:

- DA NOBIS, quaesumus,

a) et quae docuit intellectu conspicere,
b) et quae egit imitatione complere.

- PER CHRISTUM Dominum nostrum. Amen. ASÍ SEA.


FR. SANTIAGO Mª RAMÍREZ, O.P.

Salamanca, 5 de febrero de 1923.

¿Qué es un tomista?


por Santiago Ramírez, O. P.
(fragmentos)



A las fiestas centenarias de la muerte de Santo Tomás se siguió una restauración y un rejuvenecimiento del tomismo, que todos participamos y aplaudimos, gracias al impulso gigantesco del gran León XIII, continuado por sus sucesores en el Trono Pontificio y secundado por la docilidad y por los esfuerzos de los católicos de buena voluntad.

¿Será estéril el centenario de su canonización? Si esto fuese verdad, debería decirse que la vida y la gloria hay que buscarlas en el sepulcro y no en los altares. Deber es de los católicos, singularmente de los de nuestra España, hacer fecundo este centenario con una fecundidad mayor que la pasada, ya que, según dice hermosamente León XIII, son los españoles "qui memoriam adamant Doctoris Angelici et in quibus Thomistica philosophandi ratio sectatores ingeniosos et doctos omni tempore invenit"



Y como la fecundidad es una propiedad de la vida perfecta y la vida no existe en abstracto, sino en algún sujeto vivo, necesario es concluír que la fecundidad del tomismo debe brotar de la vida tomista perfecta existente en los tomistas perfectos.

...Por tomista no entendemos una palabra vacía, ni un hombre vestido de cierto color determinado, sea blanco, sea negro, ni mucho menos uno que toma de Santo Tomás lo que le viene en talante, según sus caprichos, sino más bien aquel que participa o tiene o aspira a tener el espíritu de Santo Tomás de Aquino y que procura, cuanto está de su parte, penetrarse más de él y obrar en conformidad con él.

I. ¿Cuál es el espíritu verdadero de Santo Tomás de Aquino?

...El Santo Doctor no se contentaba de buscar a Dios con la inteligencia, por medio del estudio; porque Santo Tomás no era un intelectualista seco y árido, ni tampoco un místico sentimental, sino un espíritu sumamente equilibrado en su entendimiento y en su voluntad.
...En Santo Tomás no es posible separar su oración de su estudio, como no es posible separar su sabiduría de su santidad, pues santificándose se hizo sabio y estudiando se santificó; en él no se explica su ciencia sin su oración, ni tampoco su oración sin su ciencia.
...Si nos es lícito expresarnos así, Santo Tomás es un caso típico y concreto de la unión y de la armonía entre la razón y la fe, entre la santidad y la ciencia, entre la Filosofía y la Teología; él mismo es la encarnación nata de su propio sistema, y por eso el primer tomista y el tipo del tomismo puro e íntegro es el mismo Santo Tomás en persona.


II. ¿Cuál debe ser el "espíritu" de un verdadero tomista?

Visto el espíritu de Santo Tomás en sí mismo, no será difícil saber lo que es un tomista. Será, pues, un tomista el que tiene o aspira a tener por entero el espíritu de Santo Tomás, no de un modo cualquiera, sino tal como lo entiende la Iglesia.

...La amplitud del espíritu tomista exige que el tomista lo estudie todo, a ser posible, en sus propias fuentes, a imitación del Santo Doctor. Debe, pues conocer a fondo la Sagrada Escritura y estar enterado de los adelantos exegéticos de los últimos tiempos; debe dominar los Padres todos de la Iglesia, en su aspecto doctrinal y crítico, no con la superficialidad de un simple historiador, sino con la profundidad de un teólogo; debe estar familiarizado con todos los teólogos antiguos y modernos, hostiles a Santo Tomás y defensores de él; debe poseer muy bien la Filosofía antigua y la de su tiempo, la sana y la falsa, para aprovecharse de aquélla e impugnar a ésta y saber deslindar con verdad y con acierto los límites de la fe y de la razón; en suma, debe trabajar por dominarlo todo desde el Verbo de Dios, como Santo Tomás dominó toda la ciencia de su tiempo y la hizo servir a Dios.
Claro está -y esto no necesita decirse- que el tomista debe empezar por estar familiarizado con todas las obras del Santo Doctor, no estudiándolas como a ratos perdidos y consultándolas únicamente en casos de aprieto, sino de una manera constante, per se.

...Pero no basta encasillarse en Santo Tomás sólo y renegar como sistemáticamente de todos los demás. No nació el Angélico por generación espontánea, sino que fue incubado ya desde los tiempos antiguos, especialmente por San Agustín y por Aristóteles, en cuanto a su forma sistemática; pero de todos depende, aun de sus mismos contemporáneos; por eso es imposible conocer a Santo Tomás en sí mismo, ignorando la tradición filosófica y teológica desde los primeros tiempos. ¿No construyó él su grandiosa síntesis teniendo presente todo el pensamiento humano? Los sillares de esa gran fábrica han sido recogidos y pulimentados en gran parte por la humanidad entera, si bien el arquitecto fue Santo Tomás de Aquino.

...El tomismo no vive en el papel, sino en las inteligencias; y en las inteligencias vive como alimento que debe asimilarse y como germen que debe desarrollarse y fructificar... El tomista no debe transcribir sino ampliar a Santo Tomás, depurando y completando sus fuentes, tanteando y consolidando sus principios, asimilando y aumentando sus doctrinas con los nuevos elementos asimilables aportados por sus sucesores hasta nuestros días; y, una vez hecho todo esto, aplicar el tomismo a los problemas de hoy, con seguridad de éxito.


...Hace falta, pues, que el tomista verdadero amplíe con todas sus fuerzas el tomismo y le haga crecer; pero con un crecimiento homogéneo y por intususcepción, no heterogéneo ni por yuxtaposición. Por eso es necesario digerir todo lo que viene de afuera, no con medicinas y artificialmente, sino con los jugos segregados del propio tomismo, que son de suyo bastante poderosos para hacer fermentar y producir la digestión de cualquier alimento, por fuerte que sea, si es objetivamente asimilable. Pero aquí, como en todas las cosas, hace falta discreción, para no empeñarse en tomar alientos malsanos que, en lugar de dar fuerzas, producen vértigos, hasta que se arrojan de sí mediante una reacción violenta: tal sucedió a los tomistas que quisieron devorar los platos preparados por Descartes, por los [revelacionistas], por los ontologistas y por los modernistas. No han tenido más que dos caminos: o reventar, si eran de estómago débil o comieron demasiado; o vomitarlos, teniendo que estar a dieta una temporada, con el agravante de deber purgarse repetidas veces, y luego fortificarse con inyecciones de tomismo puro, hasta reanudar la vida normal.


Pero hay que guardarse también del vicio opuesto, y no encerrarse en sí, sin querer tomar alimento alguno, por temor de que nos van a envenenar. Tomemos, sí, las debidas precauciones -y la Santa Sede ha señalado varias-; pero después hay que nutrirse bien, para tener vida abundante y perfecta, advirtiendo siempre que el provecho no está en proporción con lo que se come, sino con lo que se digiere, según dice hermosamente Balmes.

...El tomista verdadero debe reconocer ese campo tan trillado de la especulación tomista de siete siglos, y tomar un bieldo y aventar esa preciosa mies, para separar el grano de la paja y dejar que el viento de la crítica se lleve el polvo. Debe, pues, comenzar por hacer un trabajo de limpieza y de depuración.

...Alguien nos dirá, al acabar de leer cuanto llevamos dicho, que hacemos imposible un tomista perfecto, porque nadie puede, él solo, con tanto... Es verdad: una cosa es el ideal y otra cosa es la realidad. Un solo hombre no puede por sí mismo abarcarlo todo, pero debe trabajar lo posible por acercarse a ese ideal.
Después de un estudio de conjunto, que todos podemos hacer, es preciso especializarse y hacer monografías completas sobre puntos determinados, según todas las exigencias del ideal tomista. Esto es posible realizarlo, y del conjunto de esas monografías bien hechas saldrá un tomismo completo, verdaderamente ampliado.
Lo malo es que muchos, viendo esa dificultad, y queriendo, sin embargo, aparentar ser tomistas perfectos, se contentan con tomar unas cuantas nociones de Santo Tomás, sin haberlas meditado y profundizado bien, y luego recoger de aquí y de allí unos cuantos datos históricos, con alguna que otra observación crítica, y así lanzan a la publicidad con grande aparato y al son de trompetas y de tambores los frutos de sus lucubraciones, artículos sobre artículos y volúmenes tras volúmenes.

...Algo semejante ocurre en su género con muchos sabios y con no pocos filósofos de nuestros días. No tienen paciencia o capacidad bastante para hacer profundas especulaciones, o desdeñan rebajarse al estudio concienzudo y detallado de laboratorio, y con ese espíritu -que es la antítesis del espíritu de Santo Tomás, según lo hemos visto más arriba- echan a perder la causa de la Filosofía y de la Ciencia... No estaría mal tener un poco más de humildad y confesar la propia ignorancia...

...Aspiremos, pues, según los deseos de la Iglesia, a ser tomistas integrales y perfectos, en la vida y en la doctrina: si en Santo Tomás no pueden separarse el Santo y el Sabio, tampoco deben separarse en los tomistas. Teniendo estos deseos y aspiraciones es como rezaremos con espíritu y con verdad la oración de la Iglesia en la fiesta de su Doctor, que contiene la síntesis de todo el presente artículo:


- Deus, qui Ecclesiam tuam BEATI THOMAE Confessoris tui atque Doctoris.

a) mira eruditione clarificas
b) et sancta operatione fecundas:

- DA NOBIS, quaesumus,

a) et quae docuit intellectu conspicere,
b) et quae egit imitatione complere.

- PER CHRISTUM Dominum nostrum. Amen. ASÍ SEA.




Fr. SANTIAGO MARIA RAMÍREZ, O.P.
Salamanca, 5 de febrero de 1923.

"Semblanza espiritual" de Santiago Ramírez, O.P.


Mi primer contacto con el P. Ramírez fue en la clase. Escuché sus lecciones sobre la fe, la caridad, la prudencia.

Su clase era distinta. A primera hora de la mañana, nuestra mente fresca entraba con gozo en lo profundo y luminoso de sus ideas. Ponía todo su fervor y su fuego en la cátedra como el predicador más enardecido lo podía hacer en el púlpito.

Con los alumnos amable y exigente. Sabía escuchar. Y sabía distinguir lo que era "disculpa de estudiante" y lo que era razonable y justo. Comprensivo con el de voluntad recta, intransigente con el haragán.

Una clase nos impresionó: "La prudencia gubernativa requiere dos virtudes complementarias: la magnanimidad y la magnificencia.
El magnánimo es un espíritu amplio, generoso. Mira de cara los problemas. Acomete su resolución, a pecho descubierto, y con energia indomable, mirando siempre al bien común.
No se deja arrastrar por el aplauso, ni por las intrigas.Conduce la nave a su puerto con pulso firme, siempre sereno y dueño de sí mismo.No es interesado, sino dadivoso, no vengativo, clemente, no envidioso, caritativo, no hablador, mas bien taciturno y siempre afable; no precipitado, calmoso y ordenador.Y sobre todo -notadlo- es humilde. No se oponen magnanimidad y humildad. Antes, la humildad es la base.El magnánimo ha de empezar por ser humilde. Lo primero vaciarse de sí mismo en todas las direcciones del ser. Sin dejar nada movedizo e inestable. "Magnus esse vis, a minimo incipe". S. Agustín.A más humildad, más magnanimidad.El magnánimo aspira a una humildad gigantesca. No se contenta con una humildad cualquiera.La fortaleza -heroica- del magnánimo le viene de Dios.Dios da su gracia a los humildes. A más humildad, más gracia de Dios. A más gracia de Dios, más energías sobrenaturales. A más energías mayor magnanimidad. Todo lo puedo en Aquel que me conforta".

Terminada la clase el comentario brotó espontáneo y unánime: Se ha retratado a sí mismo.

No podíamos calar entonces hasta qué punto la vida de este hombre era fruto natural de la humildad y la confianza en Dios.

Entonces sólo veíamos los efectos: Entregado a su trabajo en la celda día y noche. Impasible a los halagos y a los vaivenes de cada día. Apasionado en la búsqueda de la verdad. Exacto en la expresión. Sin permitirse jamás en la clase hablar de temas ajenos. Parecía vivir aparte. Y sin embargo siempre estaba dispuesto a escuchar, a dar la orientación y el consejo oportuno en orden intelectual y espiritual. Nunca olvidé esta reflexión suya en una conversación particular. La profesión solemne es una entrega de toda la persona. Por tanto, también de la inteligencia. Estamos obligados a estudiar con todas nuestras fuerzas. Y a estudiar precisamente lo mandado por la obediencia, que expresa la voluntad de Dios.
Sin distraer nada para otras cosas, que no sean el servicio de Dios.

Ha sido en la última etapa de su vida, cuando Dios nos concedió conocer la riqueza de su vida interior. Antes, nunca hablaba de sí mismo. Ahora, esperando la muerte durante tres meses, movido por la gratitud hacia quienes le atendían, y sobre todo, impulsado por la gracia de Dios, dejó traslucir algo de la grandeza de su alma.

HOMBRE DE HUMILDAD PROFUNDA

A pesar de su talla intelectual se mantuvo siempre humilde. Evitaba con escrupulosidad todo lo que pudiera ser molesto a otros. Jamás se quejaba de nada ni de nadie. Siempre sencillo y servicial. Sumamente agradecido, aún al menor servicio.

La compañía de mis hermanos es un
o de los más grandes consuelos humanos. Toda la Comunidad me mima con inmerecida atención. Del superior al último hermano, y de modo especial el médico, Dr. Villalobos, todos, todos rebosan de caridad hacia mí. Nadie en el mundo está mejor atendido que yo.

Y cuando ya no podía valerse por sí mismo, y unos religiosos le atendían en todos los servicios, decía: Dios nos doma. Algunas veces uno cree que vale algo y Dios le humilla. Le pone en condiciones de conocer que todo es gracia y don suyo.


HOMBRE DE FE

Sólo viviendo en la fe se puede alcanzar la plenitud de la vida. Pobres los que no tienen fe. ¡Pobres! Hay que rezar por ellos. Y compadecerlos. Les falta la alegría. La fe es un anticipo del cielo.
Frente a las dudas. Frente a las crisis espirituales hay una palabra que trae la luz y la paz: Creo, creo, creo. Y lo repetía con una fuerza y una convicción que impresionaba.

Fe en las virtudes de la vida religiosa.

¡Qué vida más penosa la de aquellos que no encuentran a Dios en su camino! En la vida religiosa nos sentimos en las manos de Dios. Conserven siempre la presencia de Dios. Y para ello, silencio. Guarden el silencio en las horas y lugares establecidos. Sean exigentes con ustedes mismos. Hay tiempo de recreación, de descanso. Queda uno compensado.

Fe en la oración.

He aprendido más rezando que estudiando. Las dos cosas... pero más rezando que sudando.
Piedad sólida centrada en la Santa Misa y en el Breviario. A veces, arrastrándose materialmente, acudía a primera hora de la mañana al Oratorio de la enfermería para celebrar. Aceptó, no sin sacrificio, celebrar en su celda. Al sentirse mejor volvió otra vez a la capilla. Y sufrió mucho los primeros días en que ya le era imposible decir la Santa Misa. Entonces con devoción y lágrimas escuchaba la Misa radiada.
En los últimos meses ayudado de una lupa rezaba el Breviario. Al insistirle que no lo rezase, lloraba y suplicaba se le dejase rezaraunque fuera con esfuerzo, ¡le hacía tanto bien! Y se emocionaba evocando los comentarios de los SS. Padres al Evangelio y las vidas heroicas de los santos. Se encomendaba al santo de cada día y notó que le iba bien.
Devotísimo de S. Pío X: ¡Nunca vi un hombre como aquel!, de S. Juan Bosco, de S. Antonio M. Claret, del Cura de Ars, Beato Valentín Berrio-Ochoa, San Martín de Porres.
Antes del estudio -cada vez que se ponía a estudiar- invocaba a S. Agustín y a Santo Tomás. Y a diario tenía su memento para el P. Arintero y el P. Colunga.

Muchas veces estando con él rezábamos el Rosario. Permanecía -durante la última enfermedad- largos ratos con los ojos cerrados. Luego le preguntábamos si había dormido. Respondía con sencillez: No, he rezado el rosario. Es lo que puedo hacer: rezar y sufrir.Después de una noche de insomnio: No he dormido. Pero también así me encuentro bien. Una noche en vela no es nada. Lo que verdaderamente es terrible son los afanes del corazón. Antes estos tengo miedo, porque me dejan la impresión de estar aniquilado. Lo acepto todo, y si Dios quiere más, más. Tengo necesidad de reparar mis culpas. Y más sufren otros. Y más sufrió Jesucristo. Ahora comprendo mejor que nunca, que debemos sufrir en nuestra carne aquello que falta a la Pasión de Cristo. Dios me ayude.

Amaba tiernamente a Santo Domingo. Nuestro Padre, los santos de la Orden son ejemplares para nosotros. Tenemos que hacer vida en nosotros sus grandes virtudes: humildad, obediencia, pobreza, observancias religiosas. Cuando se ejercitan estas virtudes con amor una comunidad marcha.

Durante toda la vida encontraba su gozo en la vida conventual. Cuando estaba en el extranjero, venía a este convento todos los años a pasar por lo menos una semana. Qué fortuna transcurrir la vida en un convento entre las observancias, la Misa..., las completas. Vivía con emoción los oficios solemnes. A veces se le veía llorar. Comentaba: Ahora la Liturgia se encuentra en un grado de perfección muy alto. Cantan bien. Preparan bien las ceremonias. Da gusto. Liturgia de Adviento, de Cuaresma, ¡con ese deje de penitencia y añoranza de la vida eterna...!

Fe en los Superiores.

Siempre sinceramente respetuoso con el Superior. Si se le consultaba respondía con sencillez, aclarando, aconsejando, dando luz, jamas imponiendo. Mantener firme el criterio recto pero con caridad: firmiter in re, suaviter in modo. Comprensión inmensa para las debilidades. Sabía esperar y confiar en que la reflexión y el buen criterio renaciesen.
Si el Superior ordenaba algo, era el primero en obedecer, sin jamás quejarse o murmurar. Aunque su criterio fuese otro. No murmuren de los Superiores. Nos tienen que soportar a todos. Y tienen motivos que no conocemos para obrar. Y tienen la gracia de Dios. Dice S. Agustín: Tener al Superior más amor que temor.
No murmuren de nadie. Hacer la misericordia de rogar por los que lo necesiten. No olvidar que cada uno de nosotros necesitamos de esa compasión de los demás.

Fe en el ministerio de la clase.

Sus alumnos pueden dar testimonio de su dedicación total y entusiasta y sacrificada a la clase. Este es su pensamiento: La clase es una cátedra sagrada, como lo es el púlpito. El profesor, que no se imponga por el cargo, sino por su competencia, por su bondad. La cátedra es un apostolado. A la clase no lleven chismes ni cosas del mundo. Sólo el tema de la clase. Y prepararlas bien en el fondo y en la forma. Hay que renovarse continuamente. Que sean dignas, interesantes. Y sean exigentes intelectualmente. Y ejemplares en su vida.
Lo alumnos reflexionen: que están en tiempo de formarse. No lo saben todo. Respeten al profesor, que está sacrificando su vida por ellos. Sean respetuosos, agradecidos, dóciles. Virtud fundamental: la docilidad, no borreguil, sí consciente y operativa. Impetu dirigido, que no vaya cada cual según su antojo. Discretos y modestos..., sin pedantismo. Con la oración y el esfuerzo todo se consigue.

Fe en la Iglesia.

Amaba a la Iglesia. Por eso sufrió por la Iglesia. Pero nunca fue derrotista: Esta crisis pasará, como otras muchas, que han sucedido a través de la Historia. Después la Iglesia saldrá más purificada, más rejuvenecida y más vigorosa. Es necesario trabajar todos juntos. Todos unidos al Papa. ¡Qué Papas más santos hemos tenido los últimos tiempos! La única cosa que importa es darse, con confianza en Dios que siempre triunfa.

Fe en la Orden.

No fue el P. Ramírez hombre que vino a vivir de la Orden sino para la Orden. Lo entregó todo en una generosidad y fidelidad sin tacha. Y tenía fe en la vocación sobrenatural de la Orden. La crisis actual afectará a todo. Pero hay motivos muy grandes para confiar. La Orden tiene una doctrina y una tradición muy sólidas. Y entre nosotros hay caridad. Lo estoy palpando a diario. Estos jóvenes que me atienden son impetuosos, como todos los jóvenes, ...les puede faltar la prudencia, pero tienen un criterio muy sano y mucha caridad. Hay que ser comprensivo con ellos y a la vez cultivar más y más el espíritu sobrenatural. Exigencia en la formación. Prepararlos a fondo en sentido cristiano y dominicano para trabajar indefectiblemente, incansablemente, donde lo disponga la obediencia, y lo exija el bien de las almas. Ser santamente optimista. Esta juventud tiene materia para responder plenamente a su vocación.



CONFIANZA EN LA MISERICORDIA DE DIOS

Su última lección fue de esperanza. Varias veces en nuestras conversaciones había surgido el tema. Siempre tenía la palabra oportuna, la frase exacta que aclaraba un problema, y siempre, la emoción que certificaba su gozo. Su libro De la Esperanza no es sólo ciencia, es un exponente de su vida.
"La esperanza dilata el corazón. QUASI TRISTES, SEMPER AUTEM GAUDENTES".
Dice S. Agustín "quasi..." como en un sueño.
La realidad es otra... gaudentes.
Un poco de tristeza es necesario tener en este destierro. Es propio del desterrado tener añoranza de la patria. Pero es una añoranza que no agobia. Te
nemos la certeza de llegar. Se debe a que "se dilata" el tiempo de abrazar al Señor.
Gaudentes: Alegres, en la realidad, porque la esperanza da certeza absoluta, apoyada en la ayuda de Dios, que no falla. Da inclinación, como una flecha que marcha al cielo... Sin arredrarse ante ningún peligro, ni retroceder ante ningún obstáculo.
Es virtud de viadores. Es la vida de la vida presente.
Es propia de los jóvenes. Y todos tenemos que ser jóvenes en el Señor. Vigorosos, llenos de vida...
¡Es triste haber ofendido a Dios! ¡Tanta bondad por un lado, tanta maldad por otro!...
Todas las virtudes teologales son grandes. La esperanza, ¡oh, la esperanza!
Y terminó, llorando de emoción:

"Yo espero salvarme.
Espero ir a la vida eterna.
Espero en la misericordia de Dios".

Luego añadió: La Virgen, ¡qué madre tenemos..., qué madre!
Y se refugió en el rezo de los misterios gloriosos del Rosario en la gozosa certeza de que muy pronto serían plenamente la vida de su vida.


Fr. Andrés Hernández, O. P.
Prior de San Esteban

(En Santiago Ramírez, O. P., In memoriam. Convento de S. Esteban. Salamanca. 1968)