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MENSAGEM DO PREFEITO DA CONGREGAÇÃO PARA O CLERO O CARDEAL MAURO PIACENZA POR OCASIÃO DO ADVENTO / 2011

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MENSAGEM DO PREFEITO DA CONGREGAÇÃO PARA O CLERO
O CARDEAL MAURO PIACENZA
POR OCASIÃO DO ADVENTO / 2011 

Reverendos e estimados Sacerdotes, 

Neste especial Tempo de graça, Maria Santíssima, Ícone e Modelo da Igreja, deseja introduzir-nos naquela que é a constante atitude do seu Coração Imaculado: a vigilância.

De fato, é na vigilância orante que a Virgem constantemente viveu. Na vigilância recebeu o Anúncio que transformou a história da humanidade. Na vigilância guardou e contemplou, mais do que qualquer outro, o Altíssimo que se fazia seu Filho. Na vigilância, informada por um amoroso e grato estupor, deu à luz a própria Luz e, juntamente com São José, fez-se discípula Daquele que dela nasceu, adorado pelos pastores e sábios, acolhido com exultação pelo velho Simeão e pela profetiza Ana, temido pelos doutores do templo, amado e seguido pelos discípulos, hostilizado e condenado pelo Seu povo. Na vigilância do seu Coração materno, seguiu a Cristo Jesus até a Cruz, onde, na imensa dor do seu coração traspassado, acolheu-nos a todos como seus novos filhos. Na vigilância esperou com firmeza a Ressurreição e foi assunta aos Céus.

Caríssimos amigos, Cristo guarda incessantemente a sua Igreja e a cada um de nós! A Santíssima Mãe de Jesus e nossa é constantemente vigilante e nos guarda! A atitude de vigilância à qual o Senhor nos chama é aquela apaixonada observação do real, que nos conduz a duas direções fundamentais: a memória do nosso encontro com Cristo e do grande mistério de sermos Seus sacerdotes, e a abertura à “categoria da possibilidade”.

De fato, a Virgem Maria “fazia memória”, ou seja, continuamente revivia no seu coração, o quanto Deus operou no seu ser e, na certeza desta realidade, vivia o ministério de ser Mãe do Altíssimo. O Coração Imaculado de Maria era constantemente disponível e aberto ao “possível”, a concretização da amorosa Vontade de Deus nas circunstâncias quotidianas e nas mais inesperadas. Também hoje, do Céu, a Virgem Maria guarda-nos na memória viva de Cristo e nos abre de par em par à possibilidade da divina Misericórdia.

Queridos irmãos, peçamos a Ela que nos dê um coração que seja capaz de reviver o Advento de Cristo na nossa própria vida, que seja capaz de contemplar o modo em que o Filho de Deus, no dia da nossa ordenação, de forma radical e definitiva, marcou toda a nossa existência, imergindo-a no Seu Coração sacerdotal, e como Ele nos renova quotidianamente, na Celebração Eucarística, transfiguração da nossa vida no Advento de Cristo pela humanidade.
  
Enfim, peçamos um coração atento e capaz de reconhecer os sinais do Advento de Jesus na vida de cada homem e, de modo particular, na vida dos jovens a nós confiados: os sinais daquele especialíssimo Advento, que é a Vocação ao sacerdócio.

A Bem-Aventurada Virgem Maria, Mãe dos Sacerdotes e Rainha dos Apóstolos, obtenha àqueles que lhe pedem humildemente, a paternidade sacerdotal necessária para acompanhar os jovens no alegre e entusiasmante seguimento de Cristo.
    
No “sim” da Anunciação somos encorajados à coerência com o “sim” da nossa ordenação. Na visita a Santa Isabel somos chamados a viver a intimidade divina para levar a presença aos demais e para traduzi-la num jubiloso serviço sem limites de tempo e de lugar. Ao contemplar a Santíssima Mãe que envolve em faixas o Menino Jesus, e O adora, aprendemos a tratar com inefável amor a Santíssima Eucaristia. Ao “guardar tudo no próprio coração”, aprendemos de Maria a dirigirmo-nos ao Único necessário.
      
 Com estes sentimentos, asseguro a todos os caríssimos Sacerdotes, em todo o mundo, uma especial recordação na Celebração dos Santos Mistérios, e a cada um peço um “apoio orante” para o ministério que me foi confiado, implorando ao Senhor, diante do presépio, que nos ajude a tornarmo-nos, a cada dia, aquilo que somos!

[Cardenal Piacenza] "Se es feliz si no se está a medias tintas: ¡o todo o nada!"


Encuentro con los Seminaristas
 Los Ángeles – 4 de octubre de 2011

Intervención del Cardenal Mauro Piacenza
Prefecto de la Congregación para el Clero
 

Venerado Hermano en el Episcopado,
Queridos Formadores,
Muy queridos Seminaristas:

         Es para mí motivo de profunda alegría poder encontraros en esta breve estancia Norteamericana.
         El futuro de la Iglesia, que es cierto, porque está en las manos de su Cabeza y Señor, que es Cristo, pulsa en vuestras existencias. Los seminaristas de hoy, Sacerdotes de mañana, son la esperanza viva del camino que la Iglesia siempre realiza en el mundo. Gracias de corazón, en nombre de la Iglesia, por el vuestro sí ¡tan generoso! Sabed desde ahora, que el Prefecto de la Congregación para el Clero reza por vosotros, para que el vuestro sí al Señor sea total e incondicionado.  
         Esto es el secreto de la felicidad, el secreto de la plena realización de la vida Sacerdotal: donar todo, sin conservar nada para uno mismo, ¡siguiendo el ejemplo de Jesús!
         No pretendo en este encuentro proponeros una conferencia, sino, sencillamente, un coloquio informal, concediendo espacio a vuestras eventuales preguntas espontáneas. A vuestras preguntas antepongo algunas breves reflexiones sobre lo que juzgo fundamental hoy, y siempre, en la formación sacerdotal.

1. Il primado de Dios
         Es algo adquirido por la experiencia eclesial, que las vocaciones nacen, florecen, se desarrollan y llegan a madurez sólo donde se reconoce claramente el primado de Dios. Cualquier otra motivación, que también puede acompañar el inicio de la percepción de una llamada al sacerdocio, confluye en el movimiento de total donación al Señor y en el reconocimiento de su primado en nuestra vida, en la vida de la Iglesia y en la del mundo.
        
Primado de Dios significa primado de la oración, de la intimidad divina; primado de la vida espiritual y sacramental. La Iglesia no tiene necesidad de gestores, ¡sino de hombres de Dios! No tiene necesidad de sociólogos, psicólogos, antropólogos, politólogos - y todas las demás  actuaciones que conocemos y podemos imaginar -.
La Iglesia tiene necesidad de hombres creyentes y , por tanto, creíbles, de hombres que, acogida la llamada del Señor, ¡sean sus motivados testigos en el mundo!
        
Primado de Dios significa primado de la vida sacramental, vivida hoy y ofrecida, a su tiempo, ¡a todos nuestros hermanos! Muchas cosas pueden encontrar los hombres en los otros; en el Sacerdote, sin embargo, buscan lo que sólo él puede dar: la divina Misericordia, el Pan de vida eterna, un nuevo horizonte  de significado ¡que haga más humana la vida presente y posible la eterna!
        
Vivid, queridísimos Seminaristas, este tiempo del seminario – que es transeunte – como la gran ocasión que se os da para realizar una extraordinaria experiencia de intimidad con Dios.
La relación que habréis tejido con Él en estos años, ciertamente se profundizará y cambiará durante la vida, pero los fundamentos, el meollo de aquella relación, ¡se constituye ahora! El tiempo del Seminario es, en dicho sentido, ¡irrepetible! No obstante cualquier buena experiencia que pueda acaecer en nuestra vida, antes y después de este tiempo, la sabiduría de la Iglesia indica el momento formativo comunitario como necesario para la formación de sus Sacerdotes.         
        
¡La Iglesia tiene necesidad de hombres fuertes! De hombres firmes en la fe, capaces de conducir a los hermanos a una auténtica experiencia de Dios.
        
La Iglesia tiene necesidad de sacerdotes que, en las tempestades de la cultura dominante, cuando “la barca de no pocos hermanos es combatida por las olas del relativismo” (cfr. J. Ratzinger, Homilía en la Santa Misa Eligendo Romano Pontifice), sepan, en efectiva comunión con Pedro, tener firme el timón de la propia existencia, de las comunidades que les han sido confiadas y de los hermanos que piden luz y ayuda para su camino de fe.

2. Las prioridades de la formación
         Además del primado indiscutido de Dios, es necesario que la formación humana ocupe el puesto fundamental que le corresponde. Nadie puede esperar una humanidad perfecta para acceder a las órdenes sagradas, pero es indispensable, con toda honestidad, ponerse en juego, confiando a Dios, a través del Director espiritual, todo sobre uno mismo. No cedáis a la ilusión por la que las cuestiones no resueltas (o no debidamente afrontadas) se podrán improvisamente resolver después de la ordenación. ¡No es así! ¡Y la experiencia lo demuestra!
         La formación humana tiene ciertamente necesidad de un justo grado de auto-conocimiento, y en este sentido las llamadas ciencias humanas pueden ofrecer una válida ayuda, ¡pero sobre todo tiene necesidad de “estar en contacto” con la Santa Humanidad de Cristo!

¡Estando con Él nosotros somos plasmados progresivamente! ¡Es Él, de verdad, formador! En este sentido, ¡la adoración eucarística prolongada desempeña también un papel fundamental y sobre todo en la formación humana! Dejarse “broncear” por el Sol eucarístico, significa, en el tiempo, limar las propias aristas, aprender del humilde por excelencia, estar en la escuela de la Caridad hecha carne.
        
Juntamente con la formación humana, es central la intelectual. No cabe duda de que ésta ha ocupado, en los últimos decenios, una importante parte de toda formación seminarista. Ahora, muy probablemente, en este ámbito es necesario valorar atentamente las proporciones y los equilibrios. Aunque se desea para todos una buena formación, no todos los Sacerdotes deberán ser teólogos.
        
La formación intelectual debe tender a transmitir los contenidos ciertos de la fe, argumentado razonablemente sus fundamentos escriturísticos, los de la gran Tradición eclesial y del Magisterio y hacerse acompañar por los ejemplos de vida  de Sacerdotes santos. No debéis desorientaros en los meandros  de las diversas opiniones teológicas que no dan certeza y ponen la Verdad revelada a la par de cualquier otro “pensamiento humano”. Uno se forma en las certezas y tratando de tener en el propio equipaje una visión de síntesis con el entusiasmo de la misión.
        
Estoy personalmente convencido de que una buena y sólida formación teológica, que descubra también el fundamento filosófico de la metafísica y no tema acoger toda la Verdad completa, es el mejor antídoto a las tantas “crisis de identidad” que algunos viven, por desgracia. En este sentido, el Santo Padre Benedicto XVI ha recordado varias veces la imprescindible utilización del Catecismo de la Iglesia Católica como horizonte al que mirar y como referencia cierta de nuestro actual pensamiento teológico.
        
El catecismo es también el gran instrumento que el Beato Juan Pablo II donó a toda la Iglesia, para la correcta hermenéutica del Concilio Vaticano II. También bajo este aspecto es necesario que la formación intelectual no viva equívocos de ningún género.
         Vosotros habéis nacido en el Postconcilio (creo casi todos) y quizás, por eso sois hijos del Concilio, en cuanto más inmunes a las polarizaciones, a veces ideológicas, que la interpretación de aquel Acontecimiento providencial ha suscitado.  
        
Seréis vosotros, probablemente, la primera generación que interpretará correctamente el Concilio Vaticano II, no según el “espíritu” del Concilio, que tanta desorientación ha traído a la Iglesia, sino según cuanto realmente el Acontecimiento Conciliar ha dicho, en sus textos, a la Iglesia y al mundo.
        
¡No existe un Concilio Vaticano II diverso del que ha producido los textos hoy en nuestra posesión! Y en estos textos nosotros encontramos la voluntad de Dios para su Iglesia y con ellos es necesario confrontarse, acompañados por dos mil años de Tradición y de vida cristiana.
         La renovación es siempre necesaria a la Iglesia, porque siempre necesaria es la conversión de sus miembros, ¡pobres pecadores! ¡Pero no existe, ni podría existir una Iglesia pre-Conciliar y una post-Conciliar! Si fuera así, la segunda – la nuestra – ¡sería histórica y teológicamente ilegítima!

Existe una única Iglesia de Cristo, de la que vosotros formáis parte, que va desde Nuestro Señor hasta los Apóstoles, desde la Bienaventurada Virgen María hasta los Padres y Doctores de la Iglesia, desde el Medioevo hasta el Renacimiento, desde el Románico hasta el Gótico, el Barroco, y así sucesivamente hasta nuestros días, ininterrumpidamente, sin alguna solución de continuidad, ¡nunca!       
        
¡Y todo porque la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, es la unidad de su Persona que se nos dona a nosotros, sus miembros!
         Vosotros, queridísimos Seminaristas, seréis sacerdotes de la Iglesia de San |Agustín, de San Ambrosio, de Santo Tomás de Aquino, de San Carlos Borromeo, de San Juan Maria Vianney, de San Juan Bosco, de San Pío X, hasta el santo Padre Pío,   a San José María Escrivá y el Beato Juan Pablo II. Seréis sacerdotes de la Iglesia que está formada por tantísimos santos Sacerdotes que durante los siglos han hecho luminoso, bello, irradiante y por tanto fácilmente reconocible, el rostro de Cristo, Señor, en el mundo. 

         La verdadera prioridad y la verdadera modernidad, pues, queridos míos, ¡es la santidad! El único posible recurso para una auténtica y profunda reforma es la santidad y ¡nosotros tenemos necesidad de reforma! ¡Para la Santidad no existe un seminario, a no ser el de la Gracia de Nuestro Señor y de la libertad que se abre humildemente a su acción plasmadora y renovadora!  
         El Seminario de la Santidad, tiene, pues, un Rector verdaderamente magnífico y es una mujer: la Bienaventurada Virgen María. ¡Que Ella, que durante toda la vida nos repetirá: “Haced lo que Él os diga”, pueda acompañarnos en este arduo pero fascinador camino!
        
He aquí, pues, que os he dicho parte de cuanto deseaba deciros; lo demás os lo diré en la oración de cada día porque desde ahora en adelante os llevaré conmigo todos los días al altar, y recordaros que ser sacerdote en estos tiempos difíciles es bello, pero sacerdotes de verdad. Se es feliz si no se está a medias tintas: ¡o todo o nada!

Cardeal Piacenza pede adoração eucarística pelas vocações

Cada diocese precisa de uma capela de adoração dedicada a rezar pelos sacerdotes
CIDADE DO VATICANO, terça-feira, 22 de março de 2011 (ZENIT.org) - O cardeal Mauro Piacenza, prefeito da Congregação para o Clero, afirma que não se pode subestimar o valor da adoração eucarística, e recomenda que cada diocese tenha uma capela ou santuário para a adoração eucarística, dedicada à oração pelas vocações consagradas e pela santificação do clero.

Isto foi afirmado em uma nota enviada, no último dia 4 de março, a Dom Dominique Rey, bispo de Toulon (França). Este bispo está promovendo uma conferência internacional sobre a adoração eucarística, que será realizada de 20 a 24 de junho, no ‘Salesianum' de Roma.


"Não podemos subestimar a importância de adorar o Senhor no Santíssimo Sacramento, sabendo que o culto é o maior ato do povo de Deus", escreve o cardeal.

A este respeito, acrescenta que a adoração eucarística é "um meio eficaz para promover a santificação do clero, a reparação dos pecados e as vocações ao sacerdócio e à vida religiosa".

"Com coragem, devemos pedir ao Senhor que envie novos operários para a sua messe", diz o cardeal Piacenza.

Acrescenta a recomendação de que "em cada diocese haja pelo menos uma igreja, capela ou santuário dedicado à adoração perpétua da Eucaristia, pela intenção específica de promover novas vocações e pela santificação do clero".

"Um renovado sentido da devoção a Cristo na Eucaristia - conclui o cardeal Piacenza - só pode enriquecer cada aspecto da vida e da missão da Igreja no mundo."

S. Em. R. el Cardenal Mauro Piacenza: MENSAJE A LOS SACERDOTES Cuaresma 2011

MENSAJE A LOS SACERDOTES
Cuaresma 2011
 
S. Em. R. el Cardenal Mauro Piacenza
Prefecto de la Congregación para el Clero

Queridos hermanos en el Sacerdocio,

El tiempo de gracia, que se nos ofrece para vivirlo juntos, nos llama a una conversión renovada, así como siempre nuevo es el Regalo del Sacerdocio ministerial, a través del cual, el Señor Jesús se hace presente en nuestras vidas y, por medio de ellas, en la vida de todos los hombres.
Conversión, para nosotros Sacerdotes, significa sobre todo conformar cada vez más nuestra vida a la predicación, que cotidianamente podemos ofrecer a nuestros fieles, si de tal modo nos transformamos en “fragmentos” del Evangelio viviente, que todos puedan leer y acoger.
Fundamento de una tal actitud es, sin duda, la conversión a la propia identidad: ¡debemos convertirnos en aquello que somos! La identidad, recibida sacramentalmente y acogida por nuestra humanidad herida, nos pide la progresiva conformación de nuestro corazón, de nuestra mente, de nuestras actitudes, de todo cuanto somos a la imagen de Cristo Buen Pastor, que ha sido impresa sacramentalmente en nosotros. 
Tenemos que entrar en los Misterios que celebramos, especialmente en la Santísima Eucaristía, y dejarnos plasmar por ellos; ¡Es en la Eucaristía que el Sacerdote redescubre la propia identidad! Es en la celebración de los Divinos Misterios donde se puede descubrir el “como” ser pastores y el “qué cosa” sea necesario hacer, para serlo verdaderamente al servicio de los hermanos.
Un mundo descristianizado necesita de una nueva evangelización, pero una nueva evangelización exige Sacerdotes “nuevos”, pero no en el sentido del impulso superficial de una efímera moda pasajera, sino con un corazón profundamente renovado por cada Santa Misa; renovado según la medida del amor del Sagrado Corazón de Jesús, Sacerdote y Buen Pastor.
Particularmente urgente es la conversión del ruido al silencio, de la preocupación por el “hacer” al “estar” con Jesús, participando cada vez más conscientemente de Su ser. ¡Cada acción pastoral tiene que ser siempre eco y dilatación de lo que el Sacerdote es!
Tenemos que convertirnos a la comunión, redescubriendo lo que realmente significa: comunión con Dios y con la Iglesia, y, en ella, con los hermanos. La comunión eclesial se caracteriza fundamentalmente por la conciencia renovada y experimentada de vivir y anunciar la misma Doctrina, la misma Tradición, la misma historia de santidad y, por lo tanto, la misma Iglesia. Estamos llamados a vivir la Cuaresma con un profundo sentido eclesial, redescubriendo la belleza de estar en una comunidad en éxodo, que incluye a todo el Orden sacerdotal y a toda nuestra gente, que mira a los propios Pastores como a un modelo de segura referencia y espera de ellos un renovado y luminoso testimonio.
Tenemos que convertirnos a la participación cotidiana del Sacrificio de Cristo sobre la Cruz. Así como Él dijo y realizó perfectamente aquella sustitución vicaría, que ha hecho posible y eficaz nuestra Salvación, así cada sacerdote, alter Christus, es llamado, como los grandes santos, a vivir en primera persona el misterio de tal sustitución, al servicio de los hermanos, sobre todo en la fiel celebración del Sacramento de la Reconciliación, buscándolo para sí mismos y ofreciéndolo generosamente a los hermanos, juntamente con la dirección espiritual, y con la oferta cotidiana de la propia vida en reparación por los pecados del mundo. Sacerdotes serenamente penitentes delante del Santísimo Sacramento, que capaces de llevar la luz de la sabiduría evangélica y eclesial en las circunstancias contemporáneas, que parecen desafiar nuestra fe, se vuelvan en realidad auténticos profetas, capaces, a su vez, de lanzar al mundo el único desafío auténtico: el desafío del Evangelio, que llama a la conversión.
A veces, la fatiga es verdaderamente grande y experimentamos ser pocos, con respecto a las necesidades de la Iglesia. Pero, si no nos convertimos, seremos cada vez menos, porque sólo un sacerdote renovado, convertido, “nuevo” se convierte en instrumento eficaz, a través del cual, el Espíritu llama a nuevos sacerdotes.
Confiamos este camino cuaresmal, a la Bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, suplicando a la Divina Misericordia, que sobre el modelo de la Madre celeste, nuestro corazón sacerdotal se vuelva también “Refugium peccatorum”.

Mensaje del prefecto de la Congregación para el Clero, S.E.R. Mons. Mauro Piacenza, a los sacerdotes con ocasión de la Navidad 2010

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Reverendos y queridos sacerdotes:

Con alegría me dirijo a cada uno de vosotros, ante la inminencia de la Santa Navidad, recordándoos en la oración y pidiendo a la Luz que viene al mundo el don de santos sacerdotes para la Iglesia del tercer milenio.

Que el empeñativo trabajo de estos días, por el que el Señor y la Iglesia os dan profundamente las gracias, no os impida deteneros en silencio y con sorprendida y profunda adoración ante ese Misterio, del que dependen radicalmente la salvación del mundo y nuestra misma existencia sacerdotal.

El discurso con el que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido sus propias felicitaciones a la Curia Romana, ha subrayado de manera especial el don que ha significado el Año Sacerdotal, a pesar de las grandes fatigas que le han caracterizado. Con la lúcida y realista constatación de realidades inimaginables y dolorosísimas, el Santo Padre ha invitado a toda la Iglesia al realismo de la fe y a la disponibilidad a la penitencia, elementos indispensables y constitutivos de toda auténtica, posible y deseada renovación.

De rodillas, ante la gruta de Belén, contemplando al Verbo hecho carne y escuchando su gemido, lleno de ternura y al mismo tiempo profético, mendigamos, por intercesión de la bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles, y de san José, su castísimo esposo, que el Señor haga grandes cosas en su Cuerpo, que Él quiere siempre joven, renovado, resplandeciente y misionero.

Con estos sentimientos, aseguro a todos los queridos amigos sacerdotes, esparcidos por todo el mundo, un especial recuerdo en la oración, y a cada uno le pido el apoyo con la oración en el ministerio que me ha sido confiado.
+ Mauro Piacenza
Prefecto

“A secularização do clero e a clericalização do laicato”.

O selo do padre. Um livro do Cardeal Mauro Piacenza
A nova evangelização está fadada a ser um mero slogan desprovido de qualquer eficácia missionária real se não tiver por base uma renovação espiritual dos sacerdotes. Esta é a convicção subentendida no especial Ano Sacerdotal (19 de junho de 2009 – 11 junho de 2010) convocado recentemente por Bento XVI. É também, em última análise, a inspiração do livro do Cardeal Mauro Piacenza, Il sigillo. Cristo fonte dell’identità del prete [O selo. Cristo, fonte da identidade do padre] (Siena, Edizioni Cantagalli, 2010, 158 páginas, € 13,50). O autor, ordenado sacerdote pelo Cardeal Siri, em Gênova, como se sabe, recebeu a púrpura [cardinalícia] no consistório de 20 de novembro passado, e desde 7 de outubro guia a Congregação para o Clero, da qual era secretário desde 2007. No livro, que já no título faz referência explícita ao “selo” sacramental da ordem, são recolhidos discursos, reflexões e homilias pronunciados por conta do seu cargo. Um observatório único e privilegiado sobre a condição e a missão do clero no mundo e suas perspectivas. Em primeiro plano, a tentativa de redefinir o semblante do padre na sociedade pós-moderna. Esclarecendo o significado da vocação, enfatizando a importância da formação – mesma aquela puramente humana — mas, sobretudo, a fidelidade ao ministério. E tendo em mente que o “selo” em questão não é um “selo que encerra” os tesouros da graça, “da qual os sacerdotes são canais vitais e não fontes independentes”, mas um selo que “abre”, mais, que “escancara a uma realidade maior” e que indica “a pertença de cada sacerdote a Deus” e a “consequente indisponibilidade” para “qualquer outra identidade e ação profana ou mundana”. O Cardeal, por outro lado, não deixa de indicar, com muita franqueza, os pontos críticos e as angústias que, nas últimas décadas, têm colocado em cheque a figura do padre, fazendo-a ser considerada quase antiquada — ao menos como chegou até nossos dias — ou reduzindo-a de alter Christus a um mero exercício de um ofício eclesiástico como qualquer outro. Assim, não só a consequente crise vocacional, mas também o aparecimento, entre vários membros do clero, de um certo relaxamento doutrinal, que, na esteira da mentalidade secular, a torna somente moral e cultural. Para não falar dos escândalos e abusos. Com enormes e inevitavelmente negativos reflexos sobre a eficácia das ações missionárias. E confusões de conclusão paradoxal: “A secularização do clero e a clericalização do laicato”. Também neste sentido, portanto, é necessário ler as palavras de apreciação que o purpurado dedica aos movimentos e novas comunidades, uma vez que “em um contexto de fé viva e existencialmente relevante”, a “vocação sacerdotal é mais facilmente percebida, mais livremente acolhida e mais fielmente seguida”. Não faltam alguns golpes que atingiram em cheio fenômenos definidos como “embaraçosos” — e que rementem, menciona o autor, também a uma reflexão sobre a responsabilidade de supervisão dos bispos — como a aumento, especialmente nas televisões, dos “padres-pop”, que muitas vezes se distanciam claramente da doutrina e que na melhor das hipóteses levam “confusão” entre os fiéis. E depois, se debrunçando sobre a formação dos presbíteros, o dedo apontado contra aquele “racionalismo cético”, confundido com “maturidade de fe”, que “infelizmente tem inundado muitas faculdades de teologia, tentadas continuamente a uma leitura ‘muito crítica’ e ‘pouco histórica’ e, consequentemente, pouco equilibrada e nem mesmo, de fato, ‘histórico-crítica’, sobretudo dos dados neotestamentários”. Particular atenção é dada à “dimensão orante” e especialmente àquele “ato que com maior freqüência cada sacerdote é chamado a desempenhar”, ou seja, a celebração da Missa, que “deve ser, ou deve voltar a ser, o cume da jornada diária sacerdotal” . Nesta perspectiva, espera-se a recuperação — considerada “necessária e urgente” – da pastoral sacramental que por muitas décadas foi “interpretada negativamente” e apresentada em uma “visão incompleta e reduzida”. Assim, com base no magistério de Bento XVI, o Cardeal Piacenza se questiona se é realmente possível exercer o ministério sacerdotal “superando” a pastoral sacramental. Com o convite a refletir se de fato, em alguns casos, o “ter subestimado o exercício fiel do munus sanctificandi talvez tenha sido um enfraquecimento da própria fé na eficácia salvífica dos sacramentos e, por fim, na obra atual de Cristo e de seu Espírito, através da Igreja, no mundo”. Significativo – na perspectiva da “nova evangelização” — é o fato de que a abertura do volume seja dedicado a uma ampla meditação feita pelo prelado, em 2009, com os seminaristas holandeses, cujo tema, desde a raiz, é o significado da vocação sacerdotal como evento sobrenatural de graça. Com as implicações necessárias de “radicalidade” e “totalidade” que revestem a esfera da afetividade – “a maior forma de testemunho possível a ser dado a Cristo é a perfeita continência pelo Reino dos Céus” – e a da disciplina eclesial. “Só a radicalidade da fé pode conter o ‘impacto’ do mundo contemporâneo que, contínua e sistematicamente, mina em todos, inclusive em nós, a dúvida, a incerteza, a tentação de que não há nada absoluto, nada estável, nada objetivo, a tentação de que ‘tudo é nada’”. Os sacerdotes, em essência, devem se proteger contra os encantos do niilismo e do relativismo. E com a importante ênfase em que, quando a vocação é autêntica e se funda sobre uma sólida formação, é acompanhada por um extraordinário “florescimento do humano” que “nunca teria acontecido em nossas existências, se não tivéssemos recebido e acolhido o chamado”. Embora, pelo contrário, quando “graves defeitos humanos permanecem”, também “contra notáveis esforços formativos nos outros âmbitos, o ‘edifício’ e a ‘estrutura’ da personalidade nunca estão a salvo de repentinos ‘colapsos’ e devastadores ‘terremotos’”. A reforma do clero, tão importante também do ponto de vista missionário, é, portanto, “antes de tudo, a renovação espiritual de cada sacerdote” e requer – enfatiza o purpurado – o recurso àquele “diálogo da verdade” capaz de “reconhecer humildemente os limites e erros” e “descobrir soluções e perspectivas”. Evitando a “tentação do funcionalismo” e da “deriva utilitarista da cultura dominante”. Conscientes de que o “selo sacramental” traz consigo a tendencial “coincidência” entre identidade pessoal e ministério sacerdotal.
* * *
Em novembro de 2009, declarava o então Monsenhor Mauro Piacenza: “A comunicação deve favorecer a comunhão na Igreja, de outro modo se converte em protagonista, ou pior ainda, introduz divisão. Para a evangelização não servem os sacerdotes showman que vão à TV [...] O sacerdote não deve improvisar quando utiliza os meios de comunicação, nem pode comunicar a si mesmo, mas [comunicar] dois mil anos de comunhão na Fé. Esta mensagem pode ser transmitida apenas através de sua própria experiência e de sua vida interior”.

Algumas fotos da imposição do barrete nos novos cardeais

Pope Benedict XVI (L) leads a consistory at St Peter's basilica on November 20, 2010 at The Vatican. 24 Roman Catholic prelates will join today the Vatican's College of Cardinals, the elite body that advises the pontiff and elects his successor upon his death.




















Os novos príncipes da Igreja. Papáveis?

Sua Eminência reverendíssima o Cardeal Bartolucci ao lado de J.P. Sonnem.
Nascido em 1916, ordenado sacerdote em 1939 e criado cardeal por S.S. Bento XVI em 19 novembro de 2010.

Sua Eminência Reverendíssima Angelo Cardeal Amato, grande amigo de Josef Ratzinger.

Quase dispensa apresentações. S. Emcia. Revma. Malcolm Cardeal Ranjith é um grande defensor da Liturgia!

É o favorito dos estudantes de Roma. Um verdadeiro pai espiritual. Ao seu lado, o grande e famoso sacerdote  Mons. Ignacio Barreiro-Carámbula (Interim President do Human Life International).


S. Emcia. Revma. Mauro Cardeal Piacenza, cujos maravilhosos textos podem ser encontrados aqui no AVS. Ele foi ordenado sacerdote pelo grande Cardeal Siri.

Mensaje del nuevo prefecto de la Congregación para el Clero, S.E.R. Mons. Mauro Piacenza, a los sacerdotes y diáconos


Vaticano a 8 de octubre de 2010
Queridísimos Sacerdotes y Diáconos:


En el momento en el que el Santo Padre ha tenido la bondad de nombrarme nuevo Prefecto deseo enviar a cada uno mi saludo más cordial.


El Año Sacerdotal, hace poco terminado, permanece ante nosotros, sea en sus contenidos, sea en su modelo de santidad, San Juan María Vianney. En sus contenidos es todo aquello que hay que recibir plenamente en el ámbito de la formación – inicial y permanente del Clero – sobre todo mirando a la centralidad, que se ha querido reconocer a la Eucaristía, celebrada y adorada; en el modelo de santidad propuesto refulge la heroica participación del Cura de Ars en su donación a Cristo a favor de la vida de los hombres y tal testimonio nos empuja continuamente a ofrecernos al Señor “en sacrificio de suave olor”.


Delante de las tempestades del “mar de este mundo”, Jesús de Nazaret repite a sus discípulos: “No tengáis miedo”. A la tentación del activismo y de la búsqueda espasmódica de soluciones humanas – ¡demasiado humanas! – El responde con la suave invitación: “Permaneced en mi amor” (Jn. 15,9).


Como indicado por el Santo Padre Benedicto XVI: “Si continuamos a leer detenidamente este fragmento del Evangelio de Juan, encontramos también un segundo imperativo: “Permaneced” y “Observad mis mandamientos”. “Observad” es sólo el segundo nivel; el primero es aquel de “permanecer”, el nivel ontológico, esto es, que estemos unidos a El, que se ha dado anticipadamente, que ya ha dado su amor, el fruto. No somos nosotros quienes debemos producir el gran fruto; el cristianismo no es un moralismo, no somos nosotros quienes debemos hacer cuanto Dios espera del mundo; pero debemos entrar en este misterio ontológico: Dios se da El mismo. Su ser, su amar precede nuestro hacer y, en el contexto de su Cuerpo, el contexto de estar con El, identificándose con El, ennoblecidos con su Sangre, podemos también nosotros hacer como Cristo” (Visita al Seminario Romano Mayor, 12. 02. 2010).


Queridos amigos, es propiamente éste el primado de la ontología sobre la ética, del “estar” sobre el “hacer”, la garantía, la única garantía posible y la fecundidad de nuestro apostolado.


Ante la imperante secularización y el divagante relativismo, el Beato Cardenal J. H. Newman nos recuerda que: “Demasiadas veces el cristianismo se ha encontrado en aquello que parecía un peligro mortal; ¿por qué ahora debemos atemorizarnos ante esta nueva prueba? Esto es absolutamente cierto; lo que es incierto – y en estos grandes desafíos ciertamente lo es y representa una gran sorpresa para todos – es la manera en la que, una vez después de otra, la Providencia protege y salva a sus elegidos. A veces, el enemigos se transforma en amigos, a veces se logra desnudarlo de su virulencia y agresividad, a veces cae a pedazos por sí mismo, a veces infiere cuanto basta a nuestro favor y después desaparece. Normalmente la Iglesia no debe hacer otra cosa que continuar haciendo aquello que debe hacer, en confianza y la paz, estar tranquila y esperar la salvación de Dios” (Billete Speech, 12 mayo 1879).


Con estos sentimientos de profunda y radical confianza en el Señor de la Iglesia y de la historia, en el Señor de mi existencia sacerdotal y de la vuestra, os pido un particular recuerdo en la oración, mientras aseguro mi pastoral solicitud y una especial entrega a la potente protección de la Beata Virgen María, que es Madre de los Sacerdotes con un título especialísimo.
+ Mauro Piacenza
Arz. Titular de Vittoriana
Prefecto

Dom Piacenza: sacerdote não é “funcionário de Deus”, e sim “outro Cristo”

Fala o novo prefeito da Congregação para o Clero
CIDADE DO VATICANO, quinta-feira, 7 de outubro de 2010 (ZENIT.org) - A renovação espiritual profunda dos sacerdotes é indispensável para a nova evangelização, como o Papa Bento XVI indicou em várias ocasiões durante o Ano Sacerdotal. Este é o "programa" que tem em mente o novo prefeito da Congregação para o Clero, Dom Mauro Piacenza.

O prelado concedeu esta entrevista a ZENIT imediatamente após a divulgação da sua nomeação por parte do Papa, depois da renúncia do cardeal Cláudio Hummes, por motivos de idade.

Dom Mauro Piacenza, que trabalhou muitos anos na Congregação para o Clero, reconhece que uma das suas tarefas será melhorar a formação do clero - também a partir dos escândalos protagonizados por alguns membros deste nos últimos meses.

ZENIT: O Santo Padre o chamou à alta responsabilidade de guiar o dicastério da Cúria Romana que se ocupa dos sacerdotes. Que motivos levaram o Papa a fazer esta escolha?

Dom Piacenza: Isso nós teríamos que perguntar ao Santo Padre! Pelo que posso imaginar, minha longa presença neste dicastério deve ter tido algum papel, pois a maior parte do meu serviço à Cúria Romana foi levada a cabo nele.

Aproveito esta oportunidade para renovar meu profundo agradecimento ao Sumo Pontífice pela confiança que ele demonstrou e para invocar, para mim e para todos os colaboradores da congregação, sua bênção paterna, de forma que todos nós, juntos, possamos trabalhar incansavelmente pelo verdadeiro bem do clero e da santa Igreja, não antepondo nada ao amor de Cristo.

ZENIT: Também pelas conhecidas circunstâncias presentes, a Congregação para o Clero assume hoje um papel estratégico no governo de Bento XVI?

Dom Piacenza: Quem se ocupa dos delitos mais graves é a Congregação para a Doutrina da Fé. Contudo, certamente é necessário e é um dever colocar em marcha todos esses instrumentos que impedem que atos semelhantes voltem a ocorrer.

O primeiro de todos é a formação, inicial e permanente, pela qual é necessário velar continuamente, porque não se deve formar "funcionários de Deus", mas sim "outros Cristos": um bom pastor que, vivendo totalmente de Deus e para Deus, ofereça a vida pelo seu rebanho, fazendo-o crescer no amor autêntico.

ZENIT: E quais são os caminhos para obter isso? Qual é o seu programa?

Dom Piacenza: Não tenho outro programa a não ser o de obedecer a Cristo e à sua Igreja, cuja vontade se manifesta, de maneira totalmente peculiar, por meio do Santo Padre. Ele mesmo nos remeteu muitas vezes, também durante o Ano Sacerdotal, a uma leitura não funcionalista, mas ontológica do ministério ordenado, capaz realmente de "levar Deus ao mundo" através do carisma do celibato, da fidelidade evangélica, da caridade pastoral. A Eucaristia, celebrada e adorada, em uma concepção semelhante do ministério ordenado, não pode deixar de ter um papel absolutamente central: nela está o segredo, a fonte de toda existência sacerdotal "bem sucedida". A Eucaristia é a própria respiração sacerdotal.

ZENIT: Qual é a identidade sacerdotal, então, que o novo prefeito tem em mente?

Dom Piacenza: Sempre a da Igreja! A identidade sacerdotal só pode ser cristocêntrica e, por isso, eucarística. Cristocêntrica porque, como muitas vezes recordou o Santo Padre, no sacerdócio ministerial, "Cristo atrai para si", envolvendo-se conosco e envolvendo-nos em sua própria existência. Esta atração "real" acontece sacramentalmente, portanto, de forma objetiva e insuperável, na Eucaristia, da qual os sacerdotes são ministros, isto é, servos e instrumentos eficazes.

ZENIT: O senhor acabou de mencionar o celibato. Estão previstas novidades a propósito desta lei?

Dom Piacenza: Antes de tudo, é preciso eliminar a palavra "lei". A lei é consequência de uma realidade muito mais alta, que só pode ser captada em um contexto cristológico. O celibato é sempre uma novidade, no sentido de que também através dele, a vida do presbítero é "sempre nova", porque sempre se entrega e, portanto, sempre é renovada, em uma fidelidade que tem em Deus sua própria raiz; e no florescimento e dilatação da liberdade humana, seu próprio fruto.

ZENIT: Como o senhor pretende realizar este programa?

Dom Piacenza: Se pensasse em realizá-lo "eu", seria um temerário! É o Espírito quem guia a Igreja na realização dos seus programas. Certamente, é necessária uma profunda redescoberta da dimensão vertical da vida e da fé, também para os sacerdotes, voltando a colocar Deus no seu lugar: o primeiro!

A ordenação, na vida do discípulo, é garantia de fecundidade apostólica, unida a um profundo espírito de oração e a uma intensa vida eucarística, tanto sacramental como no dom total de si.

Peço o acompanhamento e o apoio, nesta nova tarefa que o Santo Padre me confiou, a todos os meus irmãos bispos e sacerdotes, assim como a todas as almas consagradas, sensíveis à causa essencial da santificação do clero, fundamental para toda a grande empresa da nova evangelização. Que Nossa Senhora nos acompanhe, ilumine e proteja. A Ela confio e consagro todo o meu humilde serviço. Obrigado!

Um sacerdote que se conscientize daquilo que faz, conformando a própria existência a Cristo, vence o mundo!

“Nosso Senhor Jesus Cristo, a quem o Pai ungiu com o Espírito Santo, e revestiu de poder, te guarde para a santificação do povo fiel e para oferecer a Deus o santo sacrifício”; “Recebe a oferenda do povo para apresentá-la a Deus. Toma consciência do que fazes e põe em prática o que vais celebrar, conformando tua vida ao ministério da cruz do Senhor”.
Pontificale Romanum. De Ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, editio typica altera , Typis Polyglottis Vaticanis 1990


Cidade do Vaticano, 27 de março de 2010.
 
Caríssimos irmãos no Sacerdócio
 
Nestes dias pascais reviveremos o Mistério da nossa Redenção, faremos os gestos e pronunciaremos as palavras que se encontram verdadeiramente no coração da nossa existência sacerdotal. Na Sexta-feira Santa reviveremos o gesto humilde e profético da prostração, idêntico àquele vivido no dia da nossa Ordenação. No Tríduo Pascal teremos a ocasião de acolher os renovados dons da graça, implorando à Providência Divina os frutos abundantes para nós e para a Salvação do mundo.
 
Tal como nos recorda a fórmula da unção com o óleo do crisma, somos revestidos com o mesmo poder de Cristo, com a potestas que o Pai consagrou no Espírito Santo o Seu único Filho, e que nos foi dada com o explícito fim de santificar o Seu povo e de oferecer o Sacrifício Eucarístico. Qualquer outra utilização do poder sacramental recebido com a Ordenação é ilegítimo e perigoso, seja para a nossa salvação pessoal, seja para o próprio bem da Igreja.
 
Não  é por acaso que o rito, consciente da desproporção absoluta entre a grandiosidade do Mistério e a pequenez do homem, afirma: “Toma consciência do que fazes”. Nunca poderemos, totalmente, ter consciência do grande Mistério que foi posto em nossas mãos, no entanto, somos chamados a uma contínua tensão para a perfeição moral, para viver “o Mistério que foi posto em nossas mãos” e sermos “imitadores de Cristo”.
 
Esta é a extraordinária e irredutível novidade quotidiana do Sacerdócio: o Mistério que se põe em nossas mãos! O Senhor do tempo e da história, Aquele fez todas as coisas, do Qual viemos e para o Qual vamos, o Autor da vida faz algumas das suas pobres criaturas participantes do próprio poder salvífico, entregando-se totalmente em nossas mãos como um Cordeiro imolado. Que tal entrega nunca seja traída! Mantenha-se firme em nós a certeza do abraço de predileção que o Senhor nos deu e nos faça, sobretudo no tempo de provação, renovar o nosso “sim”: um “sim” consciente dos próprios limites, mas não por eles bloqueado; um “sim” livre de todo complexo de inferioridade; um “sim” consciente da história, mas não por ela intimidado; um “sim” que – como aquele pronunciado pela Beata Virgem Maria, na Casa de Nazaré – perdurou no tempo, tornando-se atual nos Santos e no hoje da nossa existência.
 
Um sacerdote que se conscientize daquilo que faz, conformando a própria existência a Cristo, vence o mundo! E tal vitória é o verdadeiro “documento” da Ressurreição de Cristo.
 
Mauro Piacenza
 
Arcebispo tit. de Victoriana
Secretário

São Gaspar del Búfalo


Nasceu em 6 de janeiro de 1786 em Roma, Itália, filho de Antônio del Bufalo um “chef” do principe Altieri e de Annunzaiata Quartieroni. Quando criança sofreu de problemas oculares que quase o cegaram.Ele foi curado em 1788 em seguida a intensas orações a São Francisco de Assis. Ele estudou no Colégio Romano e pretendia se tornar um jesuíta. Foi presidente da recem instituída Ordem Catecista da Escola de Santa Maria del Painto com a idade de 19. Ordenado em 31 de julho de 1808. Em 23 de outubro ele e três amigos, Frei Bonanni e Frei Santelli e Frei Gonnelli fundaram o Oratório de Santa Maria em Vincis. Em 8 de dezembro de 1808 ele fundou com o Padre Albertini a Confraria do Precioso Sangue de Jesus em San Nicola.

Seguindo-se a queda de Roma aos franceses em 1809, e sendo o Estado Papal suprimido em 17 de maio, o Papa Pio VII foi deportado em 6 de julho e os padres foram ordenados a prestarem voto de lealdade a Napoleão. Gaspar recusou-se e no dia 13 de junho de 1810 foi exilado por 5 anos com vários padres para Piacenza e de lá para Bolonha .Em 13 de setembro de 1811 ele recusou-se uma segunda vez em fazer o voto de lealdade e foi enviado para a prisão de San Giovani em Imola e depois para a fortaleza de Imola. Uma terceira recusa fez com que fosse transferido para a fortaleza em Lugo em 16 de maio de 1813. Em seguida a uma quarta recusa em 10 de dezembro de 1813 ele foi sentenciado ao exílio na Córsega Enquanto esperava o transporte em Florença ele recebeu um convite para se juntar aos “Trabalhadores Evangélicos” ,grupo de padres que fazia um trabalho missionário. Embora seja questionável se Gaspar na época poderia ser de alguma ajuda, ele entusiasticamente entrou para o movimento. Menos de um mês mais tarde Murat restaurou a liberdade a todos os padres

Assim em fevereiro de 1815 retornou aroma após 4 anos de cativeiro. Ele ajudou a formar os Missionários da Precioso Sangue em 1815 em Giano, Soleto, Itália, uma congregação dedicada a trazer os sacramentos de volta a Itália (destruída pela guerra) sob o patrocínio de São Francisco Xavier. Muitos se opunham ao seu trabalho, mas o Papa Pio VII após conversar com ele pessoalmente aprovou seu trabalho. Em 1821 Papa Pio VII designou Gaspar para libertar as províncias dos bandidos e a fundar 6 missões na área. Gaspar ficou os próximos 5 anos no púlpito. Em fevereiro de 1826 ele foi indicado como Nuncio Papa no Brasil .Gaspar pediu para ser dispensado, para continuar a pregar, mas foi forçado a ficar 8 meses nessa nova função. Ele voltou a sua Congregação na Casa Mãe em San Felice em outubro e voltou a pregar nas Casas Missionarias nos próximos 10 anos. Vários milagres foram creditados a ele, inclusive a cura de doentes apenas com sua benção e oração. Ele próprio cuidava dos doentes na peste de 1830 (cólera ). Acabou contraindo a terrível doença e veio a falecer em 28 de dezembro de 1837.

Foi enterrado em Santa Maria em Trivio. Beatificado em agosto de 1904 pelo Papa Pio X e canonizado em 12 de junho de 1954 pelo Papa Pio XII . Sua festa é celebrada no dia 2 de janeiro.

Entrevista com o Arcebispo Dom Mauro Piacenza 11/04/2008

Leia entrevista com o Arcebispo Dom Mauro Piacenza, Secretário da Congregação para o Clero

1. Na Quinta-feira Santa a Igreja celebra a Instituição da Eucaristia e do Sacerdócio. O que une estreitamente estas duas realidades que Cristo confiou à sua Igreja? No mistério do sacrifício eucarístico, afirma o Concílio Vaticano II, os sacerdotes exercem sua função principal. Não se pode entender o sacerdote sem a Eucaristia, nem poderia existir a Eucaristia sem o sacerdote. Segue-se que o sacerdote não pode realizar-se plenamente se a Eucaristia não constitui realmente o centro e a raiz de sua vida. Todo o esforço diário do sacerdote deve ser irradiação da Celebração Eucarística.

2. O que significa hoje, para o sacerdote, fazer memória do gesto do “lava-pés”, ou seja, servir?Para o sacerdote, o modo de prolongar a verdade do sacrifício litúrgico, convertendo-o em sacrifício de sua vida, é “servir”. O sacerdote não se pertence a si mesmo. Está a serviço do Povo de Deus, sem limites de horário, nem de calendário. Não é um funcionário, nem um empregado, mas um “consagrado”, um “Cristo” de Deus. O povo não vive em função do sacerdócio; é o sacerdote que vive em função do povo, em sua totalidade, sem jamais limitar seu serviço a um pequeno grupo. O sacerdote não pode escolher um lugar que o agrade, os métodos de trabalho que considere mais adequados, segundo a sua maneira de ser, as pessoas que lhe pareçam mais simpáticas, os horários mais cômodos, os divertimentos, ainda que sejam legítimos, quando tomam o tempo e as energias de sua missão pastoral específica. A missão remete a uma identidade, e a identidade remete à missão: iluminam-se reciprocamente.

3. O que um sacerdote tem a “oferecer” à humanidade?O sacerdote, é comovedor pensar, está sempre presente na Igreja; em todos os tempos, pela força do Espírito Santo, é instrumento essencial da permanência e da vida da Igreja. Como Cristo, o sacerdote oferece à humanidade um grande benefício: a inquietude. A inquietude que é o santo temor de Deus.

4. As circunstâncias atuais são particularmente complexas. Como devem ser afrontadas?Quando pensamos nas circunstâncias atuais e na necessidade de prepararmo-nos para afrontá-las, creio que o melhor método para responder às necessidades humanas é o de ser sacerdote segundo o Coração de Cristo. Se dirigimos um olhar para a história, vemos que, apesar de serem muito numerosas as mudanças no mundo, na sociedade, sempre é idêntico o desafio fundamental de ser radicalmente sacerdotes semelhantes a Cristo.Como demonstra a história, a Igreja pode resistir a todos os ataques, a todos os assaltos que possam lançar contra ela, as forças políticas, econômicas e culturais, mas não poderia resistir ao perigo que deriva do esquecimento das palavras de Cristo: “Vós sois o sal da terra, vós sois a luz do mundo”.É o mesmo Jesus quem assinala as consequências deste esquecimento: “Se o sal se desvirtua, como o mundo se preservará da corrupção?Com efeito, para que serveria um sacerdote tão assimilado ao mundo que se mimetizara com ele e já não fosse fermento transformador? Diante de um mundo anêmico de oração e de adoração, de verdade e de justiça, o sacerdote é antes de tudo o homem da oração, da adoração, do culto, da celebração dos santos mistérios, “diante dos homens, em nome de Cristo”. A melhor contribuição que pode dar o sacerdote à causa da justiça e da paz, é continuar sendo sempre um homem de Deus.

5. Neste dia se renovam as promessas sacerdotais. Quais são os compromissos mais urgentes e atuais que um sacerdote deveria renovar diante de Deus e dos irmãos?Creio que o primeiro compromisso é o de ser testemunha, entendido etimológicamente como martírio: um compromisso missionário motivado com a certeza renovada de que Cristo normalmente vem a nós somente “na” Igreja e “pela” Igreja, a qual prolonga Sua presença no tempo.Deve-se recordar que a Igreja somente poderá evangelizar autenticamnete as realidades “naturais” se não renuncia a sua identidade sobrenatural. Custe o que custar, deve seguir sendo o que é: realidade transcendente e mistério.É difícil, mas estimulante. A Igreja tem a tarefa “negativa” de livrar o mundo do ateísmo, e a missão “positiva” de satisfazer a necessidade irrenunciável que tem o homem, de modo consciente ou inconsciente, de realizar-se, ou seja, de ser santo.E aqui entra o sacerdote. É aqui onde intervém como um emissário de Deus para saciar a sede ardente de uma humanidade sempre em busca.

6. O sacerdote celebra a Eucaristia “in persona Christi”. Como pode um sacerdote ser digno dessa responsabilidade?Só Deus, em sua misericórdia, pode “fazer dignos” os homens de uma tarefa tão extraordinária, inclusive inaudita. O sacerdote é a imagem do Salvador: deve tratar de assemelhar-se o mais possível a Ele, deve estar disposto a dar-se, a entregar-se totalmente, de corpo e alma, vontade e coração, ao serviço de Cristo e, portanto, dos irmãos. A totalidade da oblação a Deus é a garantia da totalidade do serviço aos irmãos, é a garantia da dinâmica missionária, como a castidade garante o caráter esponsal e a grande paternidade. Em tudo isso, não se pode dar um “não”, mas um “sim” grande e libertador.Esta é a chave para entender as promessas de obediência, de castidade vivida no celibato, no compromisso de um caminho de desprendimento das coisas, das situações, de si mesmos; no clima de uma fraternidade sacerdotal intensa e sacramental. Tudo isso se compreende se existe um grande amor, na lógica gozosa da entrega. O sacerdote jamais terá uma crise de identidade, nem de solidão, nem de frustração cultural se, resistindo à tentação de confundir-se com a multidão anônima, em sua intenção, em sua retidão moral e em seu estilo, não se separa jamais do altar do sacrifício do Corpo e do Sangue de Cristo.

7. Qual deve ser a correta relação entre fiéis leigos e sacerdotes?Devem ser irmãos em meio aos irmãos, ainda que com funções essencialmente diversas. Com efeito, alguns são chamados a ser padres e outros não, mas todos certamente são chamados à santidade em Cristo.

8. Hoje se fala muito de celibato sacerdotal. O que se pode dizer a este respeito?Com relação ao sagrado celibato, encontramo-nos diante de um ícone particularmente significativo do bom Pastor, que não guarda nada para si, mas que dá tudo pelo bem do rebanho. Uma atenta reflexão cristológica permite apreciar a oportuna conveniência de associar esta prática de vida ao estado sacerdotal.Poderíamos dizer que desde os tempos Apostólicos até os nossos dias existe uma significativa continuidade na doutrina do Magistério sobre o celibato. Certamente, desta riqueza deriva uma exigência de radicalidade evangélica, que favorece de modo especial o estilo de vida “esponsal”. Brota da configuração do sacerdote com Jesus Cristo através do sacramento da Ordem. O sacerdote é chamado a levar uma vida de imitação de Cristo que o eleva ao nível dos conselhos evangélicos: a continência perfeita, a exemplo da virgindade de Cristo, lhe permite exercer mais plenamente a caridade pastoral, até o ponto de que se pode ver no sacerdote um outro Cristo, “alter Christus”.

9. E a tão discutida solidão do sacerdote?A Igreja assiste hoje a uma dissolução cada vez mais acentuada dos vínculos entre as pessoas, em todos os âmbitos sociais. Precisamente tende-se a conceber a família como um lugar de passagem ou de relações pactuais, mas sempre revocáveis. É lógico que a figura do sacerdote celibatário sofra o impacto destas inumeráveis solidões.Igualmente torna-se necessário colocar no centro da vida cristã autênticas comunidades familiares, capazes de dar esperanças e de fazer brilhar o dom da comunhão, e sua fecundidade, também necessitamos sacerdotes que saibam mostrar a fecundidade da comunhão, a fecundidade comunitária de sua “solidão” virginal.A iniciativa da Congregação para o clero, de fazer uma grande “corrente” de adoração eucarística mundial pelos sacerdotes, deve interpretar-se também a partir da perspectiva essencialmente sobrenatural de comunhão. Certamente servirá aos sacerdotes como fonte inesgotável e divina de energias missionárias, mas também servirá aos fiéis leigos para que recuperem a verdade sobre o sacerdócio ministerial católico, que de forma alguma pode se reduzir a um mero “funcionarismo pastoral”, tão somente acolhido pela sua importância social que possa ter. E não é lícito generalizar, atribuindo a todo o clero, aquilo que corresponde a responsabilidade de uma pequena parte.

10. Como se explica a crise de vocações na sociedade atual?Sempre que se fala de “crise de vocações”, igualmente quando se fala de “crise do matrimônio”, deve-se pensar com mais precisão, em uma crise que está na raiz e que origina as demais: a crise de fé.Existe um dado real que todos podem constatar: os jovens, quando se lhes abrem, com fé na graça, os amplos horizontes da integridade do seguimento de Cristo, respondem em grande número e com autêntico entusiasmo, mas quando se tenta reduzir a identidade do sacerdote e do ministério pastoral, não se sentem motivados e se produz uma progressiva deserção. Às vezes constata-se, com muita tristeza, a decadência e se buscam soluções que não são mais que premissa da decadência em si mesma.Falta a humildade da verdade: saber reconhecer os próprios erros. Falta a coragem de saber colocar em evidência também as opções que não deram fruto ou que produziram uma devastação. Portanto, não há que se justificar, escondendo-se por detrás do pretexto de “novas estruturas”. Só se pode propor uma terapia quando se faz um diagnóstico claro, sem compaixão. É preciso pedir, pedir e pedir, para que não se caia no que diz o Salmo 134: “Têm olhos e não podem ver; têm ouvidos e não podem ouvir”, com a certeza de que Deus nunca abandonará a sua Igreja e não permitirá que lhe faltem pastores “segundo seu Coração”.

Arcebispo Dom Mauro Piacenza Secretário da Congregação para o Clero

Fonte: Congregação para o Clero