LAVS DEO!
2º DE LAS AMISTADES FALSAS
De ellas diremos la naturaleza, los daños y los remedios.
600. A) Su naturaleza. a) Falsas amistades son aquellas que están fundadas sobre cualidades sensibles o frívolas, con el fin de gozar de la presencia o de las gracias de la persona amada. En el fondo son una especie de egoísmo disfrazado porque se quiere al amigo por el placer que hallamos en su compañía. Cierto que estamos dispuestos a servirle; pero con la mira del placer que sentimos en allegarnos más a él.
b) S. Francisco de Sales distingue tres clases de amistades: las carnales, cuyo fin es el placer voluptuoso; las sensuales, que gustan principalmente de las cualidades exteriores y sensibles, «como el placer de ver lo hermoso, de oír una voz agradable, de tocar y otros semejantes»[1]; las frívolas, fundadas en ciertas habilidades y gracias vanas que los espíritus débiles tienen por virtudes y perfecciones, como el bailar bien, jugar bien a todos los juegos, vestir bien, cantar bien, ser decidor y de buena presencia.
601. c) Estas amistades comienzan generalmente con la edad de la pubertad; nacen de la necesidad instintiva que sentimos de amar y de ser amados. Muchas veces es cierta desviación del amor sexual: fuera de las comunidades, las amistades éstas nacen entre muchachos y muchachas, y, cuando van demasidado lejos, llámanse enamoramientos[2]. En las comunidades claustradas se dan entre personas del mismo sexo, y se llaman amistades particulares. Duran a veces hasta en edades muy avanzadas, así hombres hechos sienten afición sensible hacia jovencillos de presencia joven y atractiva, de carácter franco, de finos modales.
602. d) Las señales características por las que se conocen las amistades sensibles, se deducen de su origen, su desarrollo y sus efectos.
1) Por lo que toca a su origen, comienzan repentina y fuertemente, porque nacen de una simpatía natural instintiva; fúndanse en dotes exteriores y brillantes, o que, por lo menos, así lo parecen; suelen ir acompañadas de emociones fuertes y apasionadas.
2) En su desarrollo viven de conversaciones a veces sin importancia, pero afectuosas, a veces harto íntimas y peligrosas; de miradas frecuentes, que, en algunas comunidades, valen por conversaciones particulares; de caricias, de apretones de manos, fuertes y expresivos, etc.
3) En cuanto a sus efectos, son asiduas, absorbentes y exclusivas; piénsase que habrán de ser eternas; pero una separación, tras de la cual vengan otras aficiones, pone a ellas un término asaz brusco.
603. B) Los peligros de estas clases de amistades saltan á la vista.
a) Son uno de los mayores obstáculos para el progreso espiritual. Dios, que no quiere corazones a medias, comienza por dirigir interiores reproches, y, si no le damos oídos, se aparta poco a poco del alma, la priva de su luz y de sus consuelos interiores. A medida que las aficiones crecen, se pierde el recogimiento interior, la paz del alma, el gusto de los ejercicios espirituales y del trabajo. b) De aquí vienen las pérdidas considerables de tiempo. el pensamiento se va con harta frecuencia tras del amigo ausente, y es un estorbo para aplicar el espíritu y el corazón a las cosas serias y a la piedad. c) El final de todo esto es disgustarse y desanimarse, móntase la sensibilidad sobre la voluntad, que acaba por ser floja y lánguida. d) Entonces se presentan los peligros para la pureza. Bien quisieran los tales amigos mantenerse dentro de los límites de la honestidad; pero piensan que la amistad da ciertos derechos, y permítense familiaridades cada vez más sospechosas. La pendiente es muy escurridiza, y quien se expone al peligro, acaba por perecer en él.
604. C) El remedio es combatir esas falsas amistades desde el comienzo, fuertemente y con medios positivos.
a) Desde los comienzos: entonces es más fácil, por no haberse aún aficionado el corazón hondamente; con algunos esfuerzos enérgicos saldremos con ello, sobre todo si tenemos valor para decirlo todo al confesor, y acusarnos de las más menudas faltas. Si dejamos pasar tiempo, será mucho más trabajoso dejar la amistad[3].
b) Mas, para salir bien con ello, es menester aplicar medidas radicales: «Corta, divide, rompe; no te detengas a descoser estas locas amistades, rásgalas; no te desates las ligaduras, rómpelas o córtalas»[4]. Así, pues, no solamente hemos de huir de ir en busca del que así amamos, sino aun de pensar voluntariamente en él; y, si no pudiéremos evitar el encontrarnos con él, le trataremos con urbanidad y caridad, pero sin darle confianza alguna ni muestras especiales de afecto.
c) Para mejor conseguirlo, empléanse medios positivos; procúrese ocupar toda la actividad del alma en el cumplimiento de los deberes del propio estado; y, cuando, a pesar de todo, se viniere al pensamiento el recuerdo del amado, nos valdremos de ello para hacer un acto de amor de Dios, diciendo de esta o parecida manera: «A ti solo, oh Jesús, quiero amar; unus est dilectus meus, unus est sponsus meus in aeternum.» Así nos valdremos de la tentación misma para amar más al único que merece por entero nuestro amor.
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1.Op. cit., c. 17.
2.S. Fr. de Sales, 1. c., cap. 18.
3.Éste es el aviso de Ovidio, en De remediis amoris:
«Principiis obsta, sero medicina paratur
Cum mala per longas invaluere moras.»
4.Vida devota, c. XXI.
Fonte: Compêndio de Teologia Ascética e Mística, Adolph Tanquerey.

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