LAVS DEO!
La amistad puede ser un medio de santificación, o un fuerte obstáculo para la perfección, según que fuere sobrenatural o natural y sensible. Diremos, pues: 1º de las amistades verdaderas; 2º de las falsas; 3º de las amistades en las que se mezcla lo sobrenatural con lo sensible.
1º DE LAS VERDADERAS AMISTADES
De ellas diremos acerca de su naturaleza y sus ventajas.
595. A) Naturaleza. a) Por ser la amistad una mutua comunicación entre dos personas, especifícase según la diversidad de comunicaciones y de los bienes que se comunican. Muy bien lo declara S. Francisco de Sales[1]: «Cuanto más excelentes sean las virtudes que entren en esta comunicación, tanto más perfecta será tu amistad. Será ciertamente muy laudable si comunicas acerca de las ciencias; mucho más si comunicas acerca de las virtudes, prudencia, templanza, fortaleza y justicia; pero si esta mutua y recíproca comunicación fuese acerca de la caridad, devoción y perfección cristiana, ¡oh Dios mío, qué amistad tan preciosa! Será excelente porque viene de Dios, excelente porque va a Dios, excelente porque su vínculo es Dios, excelente porque durará para siempre en Dios. ¡Qué bueno es amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender a amarse mutuamente en este mundo como nos amaremos eternamente en el otro!».
La amistad verdadera en general es, pues, un comercio íntimo entre dos almas para hacerse mutuamente bien. Puede no pasar de simplemente honesta, si los bienes que los .amigos se comunican son de orden natural. Mas la amistad, sobrenatural es de un orden muy superior. Es un comercio íntimo entre dos almas que se aman en Dios y por Dios, con propósito de ayudarse recíprocamente a hacer más perfecta la vida divina que poseen. La gloria divina es su fin último, y el adelantamiento espiritual su fin inmediato, y Jesús el lazo de unión entre los dos amigos; así pensaba de ello el Beato Etelredo: «Ecce ego et tu et spero quod tertius inter nos Christus sit»; que traducía Lacordaire de esta manera: :«No puedo amar a nadie sin que el alma se me vaya detrás del corazón y esté Jesús en medio de nosotros»[2].
596. b) De esta manera la amistad, lejos de ser apasionada, absorbente y exclusiva como la amistad sensible, se 'distingue por el sosiego, recato y mutua confianza Es un afecto sosegado, moderado, precisamente porque se funda en el amor de Dios, y participa de esta virtud; por esa misma razón es un afecto constante, que crece de continuo, al revés del amor apasionado, que tiende a flaquear. Va junta con un prudente recato: en vez de andar tras de las familiaridades y caricias, está siempre llena de respeto y de recato, porque no desea sino las comunicaciones espirituales. Este recato no estorba para la confianza; porque los amigos de esta clase se estiman bien mutuamente, y no ven en el otro sino un reflejo de las divinas perfecciones; tienen en el amigo muy grande confianza, que siempre es recíproca; lo cual trae consigo íntimas comunicaciones, porque el uno no desea sino comunicar en las dotes sobrenaturales del otro. Comunícanse, pues, los amigos sus pensamientos, propósitos y deseos de la perfección. Y, porque mutuamente quieren hacerse perfectos, no tienen reparo alguno en avisarse las faltas, y en ayudarse recíprocamente a corregirlas. La mutua confianza, que tiene el uno en el otro, impide que la amistad sea inquieta, absorbente y exclusiva; no llevamos a mal que nuestro amigo tenga otros amigos; aun nos gozamos de ello por su bien y por el del prójimo.
597. B) Es evidente que una tal amistad presenta grandes ventajas. a) La Escritura la alaba con frecuencia: «El amigo fiel es una defensa poderosa: quien le halla, ha hallado un tesoro... bálsamo de vida y de inmortalidad es un fiel amigo: Amicus fidelis protectio fortis; qui autem invenit illum invenit thesaurum... Amicus fidelis, medicamentum viae et ¡mmortalitatis»[3]. Nuestro Señor nos ha dado ejemplo en la amistad que tuvo con S. Juan: éste era conocido como el díscipulo «al. que amaba Jesús, quem diligebat Jesus»[4]. S. Pablo tuvo amigos, a los que quería entrañablemente, sufre con su ausencia, y no tiene más dulce consuelo que volver a estar con ellos; así se muestra desconsolado porque no ha hallado a Tito cuando lo esperaba, «eo quod non invenerim Titum fratrem meum»[5] regocijase cuando le encuentra: «Consolatus est nos Deus in adventu Titi... magis gavisi sumus super gaudio Titi»[6]. Échase también de ver el afecto que sentía por Timoteo, y cuánto le consolaba su presencia y le ayudaba para el bien de los demás; por eso le llama su coadjutor, su hijo, su querido hijo, su hermano: «Timotheus adjutor meus... filius meus... Timotheus frater.. Timotheo dilecto filio»[7].
La antigüedad cristiana nos ofrece también claros ejemplos del mismo género: una de las más célebres amistades fue la de S. Basilio y S. Gregrorio Nacianceno[8].
598. b) De estos ejemplos se deducen tres razones que nos demuestran cuán provechosa sea la amistad cristiana, especialmente para el sacerdote dedicado al ministerio.
1) Un amigo es la defensa de la propia virtud, protectio fortis. Tenemos necesidad de manifestar el fondo de nuestro corazón a un confidente íntimo, a veces remedia esta necesidad el director espiritual, pero no siempre: su amistad paternales de otra clase que la amistad fraternal que deseamos. Hemos menester de un igual, con el que podamos hablar con amplia libertad. Si no le tuviéramos, correríamos peligro de confiar secretos delicados a gentes que no merecen nuestra confianza, y las confidencias que les hiciéremos, muchas veces causarían daño a ellos y a nosotros.
2) Es también un consejero íntimo, a cuyo parecer sometemos gustosos nuestras dudas y dificultades, y que nos ayuda a resolverlas; un corrector prudente y cariñoso que, viendo cómo nos portamos, y sabiendo lo que la gente dice de nosotros, nos dirá la verdad, e impedirá que cometamos muchas imprudencias.
3) Es, por último, un consolador, que escuchará con cariño el relato de nuestros dolores, y hallará en su corazón las frases a propósito para suavizarlos y confortarnos.
599. Se ha movido cuestión sobre si conviene fomentar estas amistades en el seno de las comunidades: pudiérase temer que fueran un daño para el afecto que debe unir a todos los miembros, y que sean origen de envidias. Cierto que se ha de velar para que las tales amistades no dañen a la caridad común, y sean, no sólo sobrenaturales, sino contenidas también dentro de los justos límites señalados por los superiores. Pero, con estos requisitos, tienen también sus ventajas, porque también los religiosos han menester de un consejero, de un consolador y de un corrector que, al mismo :tiempo, sea un amigo. De todas las maneras, en las comunidades, más aún que en otra parte, se ha de huir con mucho cuidado de todo lo que pareciere falsa amistad.
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1.Vida devota, P. IH, c. 19.
2.P. CHOCARNE, Vie de Lacordaire, t. II, c. XV.
3.Eccli, VI, 14-16.
4.S Joan., XIII, 23.
5.II Cor., XII, 13.
6.II Cor., VII, 6, 13.
7.Rom, XVI, 2 1; 1 Cor., IV, 17; II Cor., I, 1; I Tim., 1. 2.
8.S. FR. DE SALES, 1. cit., c. 19, trae otros muchos.
Fonte: Compêndio de Teologia Ascética e Mística, Adolph Tanquerey.
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